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La solidaridad emerge en la Turquía post-golpe

Es común escuchar decir a los turcos, "Lo que pensamos que es malo, en realidad puede ser bueno." Esto resume lo que pasa hoy día en Turquía.

El sangriento intento de golpe por un grupo unido al movimiento Gülenista – que fue designado como una organización terrorista por el gobierno en diciembre del año pasado – no dio resultado gracias a la fuerte resistencia de la sociedad turca. Tal resistencia claramente no fue prevista por los que estaban detrás del golpe. El momento crítico de la popular llamada de seguimiento fue la visita que el presidente Erdogan hizo a la CNN Turk, después de lo cual cientos de miles de personas abandonaron sus hogares para enfrentarse a los tanques y los disparos a pesar de saber que les podría costar la vida. Esto sucedió en los pueblos y ciudades de todo el país y las personas involucradas eran de todos los orígenes políticos. Tal resistencia colectiva puede explicarse por dos factores sociales.

 

El primero es la existencia de un frente unido contra los Gülenistas a través de la sociedad turca. Hay muchas razones para esto, pero basta con decir que el movimiento Gülenista no se ve como algo que sirva a la sociedad en su conjunto. Puede ser un movimiento popular con buenos recursos pero no se ha convertido en un movimiento popular de masas, como por ejemplo, los Hermanos Musulmanes en Egipto o Hezbolá en el Líbano, que están a la vez arraigados a la sociedad y participan en la política.

 

El pueblo de Turquía también era consciente de lo que podría haber sucedido a su país si el golpe hubiera tenido éxito. Sólo tienen que mirar al otro lado de la frontera con Siria e Irak para ver a lo que los disturbios civiles conducen.

 

La relevancia de la frase turca entra en juego con el hecho de que el intento de golpe ha creado un acuerdo étnicamente diverso entre todos los partidos, que necesitan permanecer unidos para proteger la democracia y proteger así a Turquía como estado. El éxito de la gente en el bloqueo del golpe les ha proporcionado una nueva conciencia y una actitud que favorece el enfoque democrático y mejora el discurso de la solidaridad social y la unidad. La actitud nacional tras el golpe definitivamente ha cambiado para mejor.

 

Para comprender la importancia de este nuevo consenso necesitamos mirar el estado general de la sociedad turca antes del golpe, y la fractura ideológica y política reinante. Esto era evidente para cualquiera que siguiese las noticias y debates políticos. La segregación social y la polarización se conectaron a la fragmentación política y al discurso de los políticos. Los argumentos eran tan tensos que muchos evitaban ver los programas de noticias por completo; Más o menos habían perdido la esperanza de oír que algo bueno sucedía en Turquía, la región o incluso el resto del mundo. En la noche del ataque terrorista del 28 de junio en el aeropuerto Ataturk de Estambul, el programa de televisión más visto en Turquía era “Survivor”, lo que nos dice mucho. Es fundamental tener en cuenta las anteriores condiciones sociales y políticas en Turquía para tratar de comprender la importancia de la solidaridad social emergente.

 

El discurso político y la retórica utilizada por los políticos han cambiado, en la medida en que los representantes oficiales del AKP asistieron a una reunión pública organizada por el Partido Republicano del Pueblo (CHP) el 24 de julio en la plaza Taksim de Estambul. El Presidente Erdogan anunció entonces que va a retirar las demandas presentadas contra los líderes de la oposición, al igual que lo hará el primer ministro Binali Yildirim. En respuesta, el líder del CHP, Kemal Kılıçdaroğlu, retiró sus demandas contra Erdogan. Además del saneamiento público que tuvo lugar cuando el presidente anunció que está retirando todos los cargos contra los acusados de insultarlo, alrededor de 1.500 casos en total. Se ha enviado un mensaje de gran alcance de que él quiere que sus partidarios y la oposición participen en la reconstrucción del país. “Debería darnos vergüenza como estado y como nación”, dijo a la gente, “si no podemos hacer del 15 de julio un punto de inflexión”.

 

Además fomentar la solidaridad social, el intento de golpe también mostró que el gobierno y las instituciones estatales son vulnerables y tienen necesidad de reestructurarse. Las autoridades han tomado algunas medidas urgentes para hacer mejoras básicas. Fundamentalmente, un consenso para mejorar los procedimientos de empleo estatales y dar prioridad a las habilidades y competencias de los candidatos a cargos en instituciones gubernamentales, incluyendo la administración pública, el poder judicial y las universidades.

 

El deseo y la voluntad política de volver a escribir la Constitución también están reemergiendo. Esto reforzará el concepto de un estado construido en base al derecho y la democracia turcos.

 

Para proceder sin obstáculos hacia un resultado exitoso, no hay duda de que el discurso de unidad respaldado por el sentido común es esencial para el bien del futuro colectivo. Esto es algo que todos los partidos políticos y otros actores deben reconocer e interiorizar.

 

Está claro, pues, que parar el intento de golpe de Turquía la ha salvado de una posible guerra civil y la probable desintegración del país, u otros resultados catastróficos. Es precisamente debido a que el golpe del 15 de julio era una gran amenaza para todo por lo que el pueblo de Turquía se ha esforzado durante las últimas décadas que ha encendido un nuevo comienzo y una nueva esperanza en todo el espectro político y social. Hoy en día, la sociedad turca tiene más razones que nunca para tener esperanzas en el futuro del país gracias a la solidaridad que todos compartimos. Es de esperar que esta atmósfera positiva acelerará la reconstrucción del país a través de los esfuerzos de toda su población. Realmente, lo que nos pareció ser malo – el golpe – podría al final ser el catalizador para algo muy bueno.

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