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La corrupción mutila la joven democracia marroquí

Hace unos meses, las relaciones exteriores de Marruecos llegaron a un punto muerto politicamente. El asunto del Sahara, concretamente, llevó las relaciones del reino con el secretario general de la ONU, los EE.UU, la Unión Europea y algunos países árabes y africanos a tambalearse. Un cambio repentino en política mezclado con la inversión extranjera han creado condiciones algo más favorables hoy día, al menos temporalmente.

Llegar a los diversos poderes internacionales y regionales parece haber permitido que la política exterior avance a pasos agigantados. Sin embargo, debido al compromiso incierto de los nuevos aliados, en una región en constante transformación de alianzas y bloques políticos, el rey de Marruecos, Mohamed VI reitera con frecuencia que el país cumple con sus promesas, contratos y relaciones estratégicas con sus amigos tradicionales, y con los demás también, por añadidura.

Sin embargo, la importancia dada a la inversión en política exterior se ve mermada por la corrupción administrativa interna. En el discurso por el 17 ° aniversario del día del Trono, el rey reconoció que la corrupción no puede ser combatida por un sólo individuo, partido o asociación. Más bien, se requiere la cooperación entre el Estado y la sociedad civil, el respeto al estado de derecho y las expectativas racionales, ya que su erradicación total sólo es una ilusión.

De hecho, se requieren principalmente políticas contra la corrupción claras de todos los actores clave, el rechazo de los monopolios y la aplicación de la ley. La corrupción se resiste y resulta imposible frenarla cuando los jueces no pueden acusar a los funcionarios corruptos.

Incluso los funcionarios del gobierno no están en la misma longitud de onda en la lucha contra la corrupción. Para Abdelilah Benkirán, Marruecos merece ser clasificado entre los estados en vías de desarrollo, pero la corrupción, el despotismo y los monopolios arrastran al reino hacia abajo. En el discurso inaugural de la conferencia anual de la organización juvenil del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), el jefe del gobierno insistió en que la mezcla de la corrupción y el monopolio pone en peligro al estado, los ciudadanos y el régimen. Se hizo eco de las aspiraciones de la mayoría de los marroquíes, incluidos los jóvenes que encendió la primavera árabe, los que votaron por el PJD y los miles que acudieron a las manifestaciones. Lo que, en cierto sentido, revivificó la atmósfera de las elecciones de 2011, fue la promesa de acabar con la corrupción y la coerción.

Sin embargo, una lista filtrada ha expuesto a numerosos funcionarios, o “servidores del Estado”, que compraron grandes parcelas de tierra de propiedad estatal a muy bajo precio. En lugar de su valor real de un mínimo de 4.000 dirhams (alrededor de 370 euros) – o hasta 20.000 DAM por un metro cuadrado – pagaron sólo 350 DAM (en torno 40 euros). Por ejemplo, Abdelouafi Leftit, gobernador de la región de Rabat, adquirió 3.755 metros cuadrados por 1.389.000 DAM en una de las zonas más caras del país.

 

Lo que añade sal a la herida era una nota de prensa conjunta de los Ministerios del Interior y de Finanzas, los cuales defendieron la confiscación de tierras y acusaron a “ciertas partes” – es decir, al PJD – de filtrar la lista por razones electorales. La referencia al PJD fue una vía de escape de la protesta pública en las redes sociales. Al parecer, el Ministerio de Justicia y de Libertades Públicas no es responsable de investigar el escándalo. Por lo tanto, las perspectivas para de que el asunto se investigue a fondo son escasas, y su difusión puede crear una bola de nieve de nuevo.

En otro ejemplo, Abdeslam Lebbar, un miembro de la Cámara de Consejeros, astutamente mostró el alcance descomunal de la corrupción que absorbió el “Plan de Emergencia en Educación” para reformar el sector entre 2009 y 2011. Es cierto que algunos de los proyectos del plan se cancelaron en el contexto de la primavera árabe, pero, como revela Lebbar – al igual que otros antes que él – los principales actores dentro del Ministerio de Educación Nacional, a quien tomó por banda, se mantuvieron en sus puestos. En consecuencia, el Ministerio de Justicia y Libertad Pública ha puesto en marcha otra serie de demandas en contra de ellos. Sin embargo, parte de la lucha es para cesar los funcionarios que crearon una situación surrealista cuando el ministro de Educación en 2009 representó al partido de la oposición, el Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM).

En el indicador de gobernabilidad de Basilea – entre otros informes de transparencia e indicadores – Marruecos ocupa el número 80 a nivel mundial y sexto en la región MENA (Oriente Próximo y Norte de África) en términos de riesgos de corrupción y lavado de dinero sobre los reglamentos financieros, la transparencia pública y el estado de derecho. Por lo tanto, el discurso de democratización tiene suficientes incoherencias en sí.

Por otra parte, la falta de transparencia obliga a Benkirán a describir a Marruecos como un país de dos estados; uno dirigido por el rey mientras que el otro “no sabemos”; uno que es oficial, mientras que el otro es para las decisiones y citas. La declaración audaz lo metió en problemas con el rey, quien lo mencionó en su discurso del Día del Trono.

El palacio real trata de promover la imagen de ser un paraguas para todos. Cuando Ilyas Elomari, secretario general del PAM, comete errores políticos, otras instituciones del Estado mantienen la distancia. Atacó en la radio a Mohammed VI por el Corán, que ha dominado la cuota de audiencia desde que comenzaron las mediciones de los medios de comunicación en Marruecos en 2012. La agencia de noticias marroquí (MAP), en respuesta, compartió un informe que reconoce el papel del canal en la mitigación del extremismo en Marruecos.

En segundo lugar, cuando Elomari organizó una conferencia internacional pidiendo la legalización del cannabis, el representante de Marruecos en una reunión de las Naciones Unidas por  la legalización de las drogas expresa claramente la falta de voluntad del país para promoverlo, desoyendo las recomendaciones de la conferencia de Tánger.

Mientras tanto, las actividades de Elomari reciben mucha cobertura en  los medios públicos como secretario general del PAM y presidente de la región norte de Tánger-Tetuán-Alhucemas. Un proyecto chino fue tomado en otra región, mientras que los políticos lo acusan de patrocinar campañas electorales con dinero de la droga. Sin embargo, él sigue siendo el candidato favorito del estado para las elecciones de octubre.

 

Tales ejemplos de corrupción señalan el esfuerzo necesario para poner en Marruecos en el camino de una democratización genuina. Sólo un claro equilibrio entre las políticas exteriores e internas puede convencer a los jóvenes de origen marroquí de la posibilidad de una experiencia democrática sincera. Las potencias extranjeras también necesitan ver lógica entre el discurso oficial y los informes internacionales. Dicho de otra manera, una lucha feroz contra la corrupción y el despotismo puede reducir tanto la presión interna como externa.

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