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La disminución de Palestina

Mientras la complicidad se mantenga intacta, poco importa lo que ofrezcan las conjeturas teóricas de los paradigmas de uno o dos estados.
El ex primer ministro israelí, Ehud Barak

La reciente entrevista en la CNN con el ex primer ministro de Israel, Ehud Barak, ha provocado un aluvión de críticas contra el actual primer ministro, Benjamin Netanyahu. Según Barak, su sucesor tiene una “agenda oculta” que no incorpora la solución de dos estados. A su vez, los comentarios de Barak fueron contrarrestados por el portavoz de Netanyahu, David Keyes, que culpó a los palestinos por el estancamiento en las negociaciones.

“La situación actual es muy peligrosa para Israel”, declaró Barak, “porque va a terminar con un estado desde el Mediterráneo hasta el río Jordán con millones de palestinos dentro”. La posibilidad de voto, agregó Barak, daría lugar a un “estado binacional de la noche a la mañana y dentro de una generación más o menos, un estado binacional con una mayoría musulmana, provocaría probablemente, una guerra civil entre ambas poblaciones”.

En respuesta a los comentarios de Barak, Keyes declaró: “No se puede negociar con uno mismo”, añadiendo que los palestinos se niegan a proponer ofertas para negociar. Entre las afirmaciones contradictorias impuestas por Barak y Keyes, la discusión no ha cambiado mucho, a pesar de que sugiere una comparación entre las supuestas hipótesis de uno o dos estados.

El escenario de un solo estado es a veces visto como una alternativa a la imposición de dos estados, de la que la comunidad internacional ha admitido que ya no es factible, pero aún continúa promoviéndose como artimaña para asegurar la completa colonización del territorio palestino. La alternativa de un estado único, hipotéticamente, podría determinar los derechos de los palestinos y posiblemente cambiar la demografía, lo que eliminaría el concepto del “Estado judío”. Netanyahu ha sido acusado por críticos y opositores de conducir a Israel hacia la posibilidad de un estado binacional, o de llevar a Israel hacia un escenario ligado a su propia caída.

Estas opiniones son independientes, ya sea una maniobra de distracción de la realidad, o bien una iniciativa para acelerar aún más la expansión colonial. Hay pocas posibilidades de que Netanyahu, en colaboración con la comunidad internacional, permitiese a los palestinos recuperar el territorio y la posición que les corresponde. El simbolismo se ha convertido en la respuesta oficial, haciéndose pasar por el apoyo a los derechos palestinos.

Por otra parte, la comunidad internacional ha incurrido en incoherencias visibles insistiendo en la imposición de dos estados, mientras que al mismo tiempo esta solución se declaraba obsoleta. El enigma detrás de tales afirmaciones contradictorias es claro: la expansión de asentamientos en ausencia de un acuerdo está asegurada, más palestinos se encontrarán desplazados y el ciclo de exilio interno se sumará a la privación de derechos.

Dado que la Autoridad Palestina ya ha mostrado su disposición de negociar sobre las vidas palestinas y ceder en la expansión de asentamientos, contrarrestada por la predecible retórica de la ONU, Israel no necesita un socio para negociar. La declaración de Keyes está repleta de interpretaciones. En ausencia de un interlocutor en las negociaciones, Israel pisotea a los palestinos con impunidad. Si el interlocutor en las negociaciones – con referencia la AP – es accesible, Israel puede colonizar a través de una combinación de beligerancia y la colaboración.

Visto dentro de un contexto más amplio, cualquier desacuerdo con Netanyahu tiene más probabilidades de proporcionar un incentivo para que Israel colonice con mayor rapidez, en lugar de marcar el comienzo de un momento de cambio. Mientras la complicidad se mantenga intacta, poco importa lo que ofrezcan las conjeturas teóricas de los paradigmas de uno o dos estados. Los hechos sobre el terreno hablan por sí mismos, señalando la vergüenza de la ONU y la AP debido a su voluntad de acuerdo sólo contra los principios fundamentales de la resistencia, y de seguir manteniendo negociaciones frustradas hasta que ya no quede nada que negociar.

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MEMO Staff Writer

Recordando La Masacre De Rabaa

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