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La cuestión del Sáhara: un reto para la diplomacia marroquí

La cuestión del Sáhara sigue siendo un factor central en las relaciones con la comunidad internacional del país magrebí. Los cambios incesantes y la interacción han caracterizado este asunto, a partir del cual han surgido serios desafíos. Algunos cambios han sido positivos para los intereses de Marruecos, mientras que otros requieren una diplomacia más activa y eficiente.

En una región que vive una rápida escalada de inestabilidad, Marruecos está tratando de concretar su apuesta para seguir avanzando en la senda de la reforma y la estabilidad. Sin embargo, los funcionarios del gobierno se quejan con frecuencia de signos recurrentes de despotismo en el país, alimentados por intereses políticos y mediáticos, con la vista puesta en las elecciones de octubre. Por lo tanto, el renqueante proceso de democratización es una prueba para la perseverancia de esta narrativa estratégica. Mientras tanto, la cuestión del Sáhara sigue siendo un factor central en las relaciones con la comunidad internacional del país magrebí. Los cambios incesantes y la interacción han caracterizado este asunto, a partir del cual han surgido serios desafíos. Algunos cambios han sido positivos para los intereses de Marruecos, mientras que otros requieren una diplomacia más activa y eficiente.

Este último punto debe incluir la restauración de los miembros de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental (MINURSO) para que puedan completar su función. Cuando Ban Ki-moon describió la presencia marroquí en el Sáhara como una “ocupación”, Marruecos expulsó a 85 miembros civiles de la misión de paz de la ONU. Alrededor de 25 de los empleados expulsados están ahora de regreso en El-Aaiún, de conformidad con la resolución 2285 del Consejo de Seguridad de la ONU. Esto amplió el mandato de la MINURSO hasta abril del próximo año y requiere que el secretario general informe al Consejo sobre los progresos realizados dentro de 90 días.

La lectura de la resolución genera sensaciones contradictorias. No sólo muestra la aceptación del firme discurso que el Consejo de Seguridad, bajo la presión de Estados Unidos y en contra de las pretensiones de Marruecos, y a pesar de las fuertes relaciones bilaterales, ha establecido como hegemónico, sino que también demuestra la voluntad de Marruecos para cooperar con las organizaciones internacionales, siempre que se respete su soberanía, a pesar de que las medidas actuales de la comunidad internacional ponen al plan de autonomía para el Sáhara (la opción que Marruecos ha puesto sobre la mesa) al margen. También se espera que haya un retorno a la extensión del mandato de la MINURSO para vigilar los abusos de derechos humanos en el Sáhara. Por lo tanto, además de la localización de este tipo de abusos en los campamentos de Tinduf – en el que tanto el Frente Polisario como Argelia están implicados – Rabat puede necesitar una mejor alternativa al plan de regionalización.

Otro reto es el intento de trasladar el Comando de EE.UU. en África, conocido como AFRICOM, desde Alemania hasta el reino noroccidental de África. La presión de Estados Unidos pone a los políticos marroquíes en una difícil situación, dadas las consecuencias problemáticas que surgen generalmente de hospedar a los comandos regionales de los Estados Unidos. Estas van desde la construcción de prisiones internacionales como Abu Ghraib en Irak, la creación de un centro de guerra para aviones no tripulados e intervenir en la política interna de la nación anfitriona, creando un contexto de inestabilidad y problemas de seguridad. AFRICOM, no obstante, desde donde funciona, tiene un papel fundamental en las intervenciones militares actuales en todo el continente, especialmente con las milicias islamistas activas en Argelia, Mali, Libia, Túnez, Somalia, Nigeria y Sinaí. La apertura del espacio aéreo nacional, las rutas terrestres y los cursos de agua para una guerra contra todas estas facciones a la vez no es menos que un suicidio geopolítico.

El cambio más importante y reciente es la petición de Marruecos de unirse a la Unión Africana (UA). Económicamente, Marruecos es un inversor clave de África en el continente, sólo superado por Sudáfrica. Los proyectos en los que Marruecos está implicado se dividen en tres categorías: empresas conjuntas con inversores extranjeros, especialmente Francia; cooperación con las empresas africanas, como en el sector de las telecomunicaciones; y sus propias inversiones. Si, por razones económicas, Marruecos es más libre fuera de la UA, hay que señalar que África también está cambiando, y la cooperación sur-sur puede generar un mayor bienestar para la región.

Políticamente, Marruecos ha sido un perdedor considerable desde que salió de la Unión Africana. La llamada “política de la silla vacía” ha demostrado que la ausencia de Marruecos en los programas diplomáticos decisivos ha sido un signo de debilidad. Por otra parte, el Frente Polisario ha sabido aprovechar la mayor parte de la situación. La UA – entonces llamada la Organización de la Unidad Africana – sentó a una delegación de la guerrilla del Polisario en su cumbre de 1984. El movimiento tenía entonces un aire izquierdista, lo cual también ha cambiado a día de hoy. Es cierto que el asunto del Sáhara es un remanente de la era de la Guerra Fría, pero la capacidad de las divisiones tradicionales de izquierda-derecha para decidir alianzas internacionales se ha reducido considerablemente.

En este sentido, el rey de Marruecos, Mohamed VI, ha enviado una carta a la 27ª cumbre de la UA en Ruanda, centrándose en intereses y desafíos comunes. Basando argumentos sobre la historia, la legitimidad, el compromiso y las preocupaciones continentales actuales, se describe con más detalle a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), o el “estado fantasma” como se le llamaba en 1984, como un obstáculo para una mayor participación marroquí en África. El rey también hizo alusión a la perspectiva diplomática, económica, de medio ambiente y cooperación para la seguridad infiriendo que la UA se beneficiará considerablemente de invitar a Marruecos para que regrese a la organización.

Un día después de que la carta del rey fuese recibida, 28 líderes africanos enviaron una moción al presidente de la UA para la suspensión inmediata de la RASD. Este avance sin precedentes mantiene el ritmo de las aspiraciones de Marruecos en África, aunque, aparte de Libia, ningún país del Magreb firmó la moción. Marruecos, al parecer, necesita mayor compromiso político con sus vecinos inmediatos. Para todos los países del norte de África, unirse a la UA no puede eclipsar la falta de construcción de la Unión del Magreb Árabe, a pesar de la diferencia en proximidad y realidades geoculturales entre los dos bloques.

La sorpresa fue que ni Túnez ni Egipto firmaron las pretensiones marroquíes. Marruecos celebró el resultado de la revolución de 2011, así como el primer gobierno del partido Ennahda en Túnez. Moncef Marzouki, el primer presidente post-revolución en Túnez, a menudo se describe como un amigo de Marruecos, por razones políticas y familiares. El gobierno de Rabat también denunció inmediatamente los asesinatos de las figuras de la oposición tunecina Choukri Belaid y Mohammed Brahmi en 2013. Más importante aún, la dirección actual en Túnez tiene buenas relaciones políticas y económicas con Marruecos. Es posible, por tanto, que la frágil situación de seguridad en las Montañas Chaambi en la frontera con Argelia se encuentre detrás de la abstención en la moción de la Unión Africana.

Lo mismo sucede con Egipto: Marruecos fue uno de los primeros países en felicitar al primer gobierno tras el golpe de Estado en 2013, pero la relación ha fluctuado, debido a la influencia de Argelia en Abdel Fattah Al-Sisi. Fue Argelia la que se cree que ha empujado a la UA a la readmisión de Egipto después del golpe militar. En consecuencia, se ha producido un conflicto de medios entre los dos estados, mientras que Al-Sisi no ha podido visitar Marruecos debido a las objeciones de la opinión pública.

Las perspectivas para la situación del Sáhara de Marruecos parecen residir en la cooperación sur-sur, pero “sur”, en este contexto, incluye el norte de África. Estos son ciertamente tiempos de retos para la diplomacia marroquí.

 

 

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