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Tony Blair se enfrenta a cargos por crímenes de guerra

El comité de la investigación, dirigida por Sir John Chilcot, llega a la conclusión de que "el Reino Unido decidió unirse a la invasión de Irak antes de que se hubiesen agotado las opciones pacíficas para el desarme. La acción militar en ese momento no era el último recurso".
Tony Blair

La comisión Chilcot que investiga la implicación británica en la invasión de Irak en marzo de 2003, fue creada por el ex primer ministro laborista, Gordon Brown. Es sólo ahora, tras dos mandatos, que la verdad comienza a salir a la luz.

Siete años y 2,6 millones de palabras después, el informe de la comisión se publicó por fin el miércoles, provocando una tormenta mediática. Sus resultados son significativos, y mucho más mordaces con el entonces primer ministro Tony Blair de lo que muchos esperaban.

El comité de la investigación, dirigida por Sir John Chilcot, llega a la conclusión de que “el Reino Unido decidió unirse a la invasión de Irak antes de que se hubiesen agotado las opciones pacíficas para el desarme. La acción militar en ese momento no era el último recurso”.

“Ya en 2003”, dijo Chilcot en su delcaración pública el miércoles, “Sadam Hussein no era una amenaza inminente.”

David Cameron, anunció hoy que el informe será debatido durante dos días en la Cámara de los Comunes la semana próxima. El informe consiste en 12 grandes volúmenes, además de varias resmas de documentación suplementaria. El sumario solo es de 150 páginas. De seguro aún queda mucha información por sacar a la luz en los próximos meses, quizás años.

Pero el esquema general es ya evidente. En efecto, ya estaba claro para la mayoría de nosotros hace años, lo resume una de las consignas que se utilizaron en las protestas del No a la guerra: Blair mintió, la gente murió.

Blair, que llevó a cabo una rueda de prensa en tono defensivo el día de hoy, todavía está tratando de hacer creer que tomó la decisión de ir a la guerra de la mejor fe y que siempre trató de evitarlo, qué hubo de tomar la decisión cómo último recurso.

“A principios de diciembre [2001], la política de Estados Unidos había comenzado a cambiar y el Sr. Blair había sugerido que los EE.UU. y el Reino Unido debían trabajar en lo que describió como una ´estrategia inteligente ‘ para el cambio de régimen en Irak, que se construiría poco a poco”, explica Chilcot .

En un documento de claro apoyo, el 28 de julio de 2002, Blair escribió al entonces presidente de Estados Unidos George W. Bush que “Estaré con vosotros, pases lo que pase.” A pesar de la pantomima de la ONU y los debates parlamentarios que vendrían, el primer ministro tenía en realidad tomada la decisión unilateral de ir a la guerra.

Y no olvidemos la realidad de lo que fue esta guerra. Como líder de la oposición laborista Jeremy Corbyn dijo hoy en la Cámara de los Comunes, fue un “acto de agresión militar lanzada bajo falso pretexto.”

Esto condujo a la “ocupación colonial” de Irak, añadió Corbyn, e incrementó la amenaza del terrorismo en toda la región, lo que lleva a la pesadilla interminable que todavía hoy vemos en Irak.

Se escribió mucho el miércoles en la prensa británica acerca del personal militar que perdió la vida en el curso de la invasión y la ocupación, con las muertes iraquíes relegadas a preocupaciones secundarias, en el mejor de los casos. Pero la realidad es que incluso según las estimaciones más conservadoras, medio millón de iraquíes (en su mayoría civiles) perdieron la vida. No hay que olvidar que la invasión condujo a una serie de guerras civiles, al aumento de partidarios de al-Qaeda en Irak, y en última instancia al nacimiento del llamado Estado Islámico. Así que los horrores y sus consecuencias continúan.

Aunque para los que marchamos contra la guerra en 2002 y 2003 no hay regocijo alguno de haber reivindicado estos hechos.

Chilcot condena a Blair también en sus justificaciones para ir a la guerra, las denominadas armas de destrucción masiva: “los juicios sobre la gravedad de la amenaza que planteaban las armas de destrucción masiva de Irak –que fueron presentadas [por Blair en la Cámara de los Comunes] no eran, en modo alguno, justificados.”

Chilcot descarta también, las justificaciones a toro pasado en la línea de “si hubiéramos sabido entonces lo que sabemos ahora….” Está claro que a partir de la evidencia que presenta que “la política sobre Irak se hizo sobre la base de una inteligencia defectuosa y evaluaciones erróneas. Ellos no fueron desafiados, y que debería haber sido “La realidad es que la información defectuosa sobre Irak fue obtenida a partir de espías, principalmente porque había una enorme presión política para producirla -. Y que en última instancia, la presión vino por parte de Blair.

A la idea de que el ascenso de al-Qaeda y Estado islámico no se podía prever también se le da poca importancia: “no estamos de acuerdo en que se requiere una visión retrospectiva. Los riesgos de conflicto interno en Irak, la persecución activa de sus intereses por parte de Irán, la inestabilidad regional, y la actividad de Al Qaeda en Irak, se podían identificar cada unafácilmente incluso antes de la invasión. ”

Tal vez lo peor de todo lo que Chilcot implica es que Tony Blair podría enfrentarse a una corte penal por violar las leyes de  guerra y el lanzamiento de una guerra de agresión ilegal contra un Estado soberano: “el mensaje no ha expresado una opinión sobre si la acciónmilitar era legal. Esto, por supuesto, sólo se puede resolver en un tribunal debidamente constituido y reconocido internacionalmente. Hemos llegado, no obstante, a la conclusión de que las circunstancias en que se decidió que había una base jurídica para la acción militar de Reino Unido estaban lejos de ser satisfactorias”

Este es el cuidado vocabulario jurídico propio de un alto funcionario de carrera. En este contexto, esto es algo totalmente condenable. Debido al hecho de que los términos de la consulta de referencia no requerían que se pronunciase sobre este punto, el hecho de que lo haga incluso hace que sea muy significativo.

En última instancia, Chilcot no parece desafiar fundamentalmente el derecho del Estado británico de declarar guerras de agresión e intervenciones en todo el mundo. Es parte de una larga tradición de investigaciones formales que ayudan a poner en orden las cosas para las clases dominantes británicas. Pero es sumamente importante, sin embargo, que Chilcot parece estar lanzando a Tony Blair debajo del autobús.

Es cierto que no hay que abandonar nuestras críticas a Tony Blair, y debemos que se rindan cuentas y que haya un cambio. Corbyn expuso algunos aspectos que se pueden hacer hoy en el Parlamento, y que, sin duda, escucharemos más sobre este debate la próxima semana.

Sin embargo, el movimiento contra la guerra debería aprovechar esta apertura crítica para mantener a Tony Blair en el punto de mira legal, para que sea más difícil para nuestros líderes lanzar más guerras de agresión en el futuro.

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Asa Winstanley

Editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004

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