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La Turquía de Erdogan es demasiado importante para que la puedan hacer descarrilar

El presidente Erdogan se enfrenta a muchas críticas por el acuerdo con Israel. Ya se enfrentó a críticas similares en el pasado, pero habitualmente ha demostrado que se equivocaban; no se deja engañar por nadie.
Familiares de las víctimas del atentado en el Aeropuerto Internacional Atatürk.

A las pocas horas de anunciar la normalización de sus relaciones con Israel, Turquía sufrió uno de los ataques terroristas más mortíferos de los tiempos recientes. No es la primera vez que Estambul se convierte en objetivo de la violencia indiscriminada, siendo escenario de una masacre similar a las cometidas en ciudades como París, Bruselas, San Bernardino y Orlando. Cualquiera que sea su fuente, doméstica o internacional, Turquía no debe permitir que esta cruel campaña tenga éxito, ya que es evidente que pretende arruinar la economía del país y forzarlo al aislamiento internacional. El gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan persigue objetivos claros, y no debe permitir que lo hagan descarrilar, puesto que los pueblos de Oriente Medio dependen de ello.

Debido a sus arraigados vínculos geográficos, históricos y culturales con la región, Turquía siempre se verá afectada por los acontecimientos de Oriente Medio. Aunque quisiera, Ankara no podría escapar de las consecuencias de las turbulencias políticas que han atenazado a sus vecinos del sur desde 2011. Ya sea proporcionando refugio a quienes huyen de una Siria desgarrada por la guerra, o ayuda humanitaria a los palestinos de la sitiada Gaza, Turquía no evade sus responsabilidades.

Por supuesto, todos los desastres que atormentan a la región tienen su origen en el hombre; su superación siempre ha dependido del esfuerzo y del sacrificio humanos. Por este lado, Turquía ha pagado un elevado precio. El atentado terrorista contra el Aeropuerto Internacional Atatürk esta semana constituye una buena prueba de ello, y, a juzgar por el pasado reciente, no será la última de tales atrocidades. De aquí que sea totalmente correcto que el gobierno turco revisase sus políticas y, en particular, la de “cero problemas con los vecinos”.

No cabe duda de que el presidente Erdogan es perfectamente consciente de que Turquía debe elegir sus batallas. Recuerdo un encuentro privado con él en Estambul en 2010 en el que se debatió el asunto del acceso de Israel a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Era poco después de que los comandos israelíes asaltaran el Mavi Marmara de la flotilla de la libertad en aguas internacionales frente a la costa de Gaza y mataran a nueve ciudadanos turcos (el décimo moriría más tarde de sus heridas). Ante la pregunta de si Turquía bloquearía el acceso israelí a la OCDE, la respuesta de Erdogan fue un firme “No”. Mucha gente creía que estaría perfectamente justificado que Turquía empleara su veto, pero para Erdogan suponía una batalla de más, y una que podía ser evitada.

Seis años más tarde, Turquía ha recibido una disculpa de Israel, compensación para las familias de las víctimas del asalto asesino contra la flotilla y un alivio del bloqueo contra Gaza. Aun así, las afirmaciones oficiales de que las tres condiciones de Turquía para la normalización se han cumplido no se ven reflejadas por los hechos sobre el terreno. La tercera condición, en particular, no ha sido aplicada, puesto que como sabe todo el mundo hay una gran diferencia entre “aliviar” el bloqueo y levantarlo por completo.

Tal y como dijo Erdogan en aquella reunión de 2010, sin embargo, lo que Turquía puede hacer por Palestina es limitado; también otros han de defenderla y desempeñar su parte. No cabe duda de que el resultado de las recientes conversaciones con Israel acerca del bloqueo hubiera sido diferente si otros actores regionales y la Autoridad Palestina hubieran apoyado por completo las exigencias de Turquía. Lo cierto es que no lo hicieron. El establishment militar egipcio quiere mantener el bloqueo porque considera la autoridad de facto de Hamás en Gaza como parte de los Hermanos Musulmanes, que dirigían el gobierno electo que el ejército egipcio derrocó en el golpe de 2013. De forma similar, el presidente palestino Mahmoud Abbas se contenta con mantener el bloqueo tal y como está, porque desde su punto de vista Hamás orquestó un golpe contra su autoridad en Gaza en 2007, a pesar de que el movimiento fuera el gobierno legítimo, democráticamente elegido de Palestina en aquel momento.

Si lo contemplamos en un contexto más amplio, el anuncio del primer ministro turco Binali Yildirim de que Turquía también pretende normalizar sus relaciones con Egipto, no es sorprendente. Esto podría ser un gran paso hacia el fin de los diez años de bloqueo contra Gaza, dirigido por Israel pero aplicado –por lo menos en la frontera de Rafah- por Egipto.

En este punto es preciso recordar que Erdogan siempre ha insistido en la liberación del expresidente encarcelado Mohamed Morsi, como condición primordial para la reconciliación con el régimen de Sisi en El Cairo. Esta condición ha de permanecer sobre la mesa.

La avalanche de giros diplomáticos de Turquía no termina con su apertura a Egipto. También incluyó una disculpa ante Rusia por el derribo de un avión militar en noviembre del año pasado. Esta jugada es práctica y sensata, ya que mientras continúe la guerra civil en Siria es poco posible que la estabilidad vuelva a Turquía. Por lo tanto, es correcto y adecuado que Ankara haga un gesto a Moscú, que, en el momento, es la única potencia capaz de influir tanto en el régimen de Damasco como en sus defensores iraníes.

Mientras se reconstruye tras el ataque contra el principal aeropuerto de Estambul, Turquía no ha de penetrar en el baldío del aislamiento diplomático. Tal paso sería una victoria para sus enemigos, y una tremenda pérdida para la región. Oriente Medio estaría peor sin Turquía, en particular tras el colapso y la desintegración de Libia, Yemen, Siria e Irak.

El presidente Erdogan se enfrenta a muchas críticas por el acuerdo con Israel. Ya se enfrentó a críticas similares en el pasado, pero habitualmente ha demostrado que se equivocaban; no se deja engañar por nadie. Al frente del timón de Turquía por en medio de aguas turbulentas, sus detractores no deberían olvidar esto y reconocer su mérito allá donde es necesario. Su país es necesario incluso en el mejor de los tiempos  -que no son ahora-, así que Erdogan no debe permitir que lo hagan descarrilar. Turquía es demasiado importante para eso.

 

 

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Dr Daud Abdullah

El Dr. Daud Abdullah es el director de Middle East Monitor/Monitor de Oriente

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