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La destrucción de Faluya: otro legado de la invasión americana de Irak en 2003

Faluya en 2003.

No cabe duda de que la invasión estadounidense de Irak en 2003 ha conducido a la destrucción de un país que constituía una de las sociedades más vibrantes de esa región del mundo. Cuna de civilización, Irak ha sido reducido a escombros, y su tejido social se ha ido desintegrando paulatinamente. En la sociedad que fuera un crisol de suníes, chiíes, cristianos, asirios, judíos y kurdos ahora campa a sus anchas un gobierno sectario apoyado descaradamente por Irán y mantenido de forma desvergonzada por EE.UU.

Todo el mundo está de acuerdo en que Saddam Hussein era un tirano que gobernaba con puño de acero. Durante su reinado, hizo desaparecer cualquier forma de disensión. Las personas de todos los grupos de la oposición fueron o bien asesinadas, o encarceladas, u obligadas a refugiarse en los países vecinos o en otras partes del mundo.

Sin embargo, quienes han sido colocados en el poder por el ejército de ocupación americano después de 2003 no han sido mejores que Saddam Hussein. Diversos informes de organizaciones de derechos humanos y testimonios de organizaciones de la sociedad civil, grupos opositores y medios de comunicación atestiguan la opresión ilimitada que la mayoría suní ha estado sufriendo bajo un régimen respaldado por Irán. Desde el establecimiento de un gobierno sectario, se ha inaugurado otro capítulo en la ordalía de los suníes iraquíes.

No estoy seguro de cómo recordará la historia nuestro tiempo, pero la última década ha constituido probablemente la más sangrienta en la historia del mundo árabe desde la Nakba palestina de 1948.

Lo más preocupantes no es únicamente la destrucción de un legado de miles de años de historia y civilización en Bagdad y en otras partes del país, sino la devastación de la sociedad multiétnica y multirreligiosa desde dentro. Tras la destrucción de la herencia cultural de la gente, de la memoria y del orgullo de la civilización, su mismo ser se está viendo sin raíces.

Durante más de una década desde la caída de Bagdad, bajo un gobierno sectario, los musulmanes suníes (una mayoría que representa al islam convencional) se han enfrentado a una especie de limpieza étnica. Christof Wilk, de Human Rights Watch, ha confirmado recientemente que la milicia sectaria en Irak, dirigida por Al-Hashd al-Shaabi, ha estado cometiendo todo tipo de crímenes contra los suníes iraquíes.

Miles de hogares han sido destruidos, propiedades han sido saqueadas y miles de personas asesinadas. Docenas han sido torturadas y encarceladas en campos de concentración. Todo esto ha ocurrido bajo el disfraz del gobierno iraquí. Human Rights Watch confirmó que los culpables (la milicia sectaria) han estado implicados en estas operaciones durante los últimos años y que nunca se les han pedido responsabilidades.

Lo que está ocurriendo ahora en Faluya constituye otro capítulo del intento de erradicar la existencia suní es varias partes de Irak. Faluya había sido un símbolo de la resistencia contra los gobernantes corruptos y contra la invasión colonial. Ahora está siendo bárbaramente destruida, y sus habitantes, aniquilados por la denominada milicia Al-Hashd Al-Shaabi, apoyada directamente por el gobierno de Bagdad y por la “Guardia Revolucionaria Iraní”.

Daesh (ISIS) ya había hecho su trabajo preparando el terreno para lo que se está produciendo ahora. El grupo terrorista ya había sometido cualquier forma de disensión asesinando y aterrorizando a aquellos que se oponen a su mandato. Es evidente que el gobierno de Bagdad ha cerrado los ojos ante las atrocidades de Daesh durante el último par de años. El grupo terrorista es empleado ahora una vez más (de forma similar al caso de Siria) para invadir Faluya y vaciarla de población suní.

Además, Daesh ha atacado de forma sistemática a grupos suníes, ya sea en Siria o en Irak. Se ha informado con frecuencia de que los ataques esporádicos contra los ejércitos del régimen en ambos países son falsos. Pronto a Daesh se le proporcionará una salida para trasladarse con sus cientos de camiones y de artillería pesada a otro enclave en Irak o en Siria en el que se les permitirá reagruparse de nuevo.

Este sofisticado juego ha sido desenmarañado por varios personajes críticos y por organizaciones de medios, incluidos activistas en las redes sociales. Los canales americanos de televisión por satélite y las organizaciones de derechos humanos han señalado la implicación iraní en la invasión de Faluya y otros lugares de mayoría suní. El ejército de Al-Hashd Al-Shaabi está desempeñando el papel de delegado de la Guardia “Revolucionaria” Iraní en la guerra. El hecho de que Kassim Sulaiman, el líder de la Guardia “Revolucionaria” Irani, campe a sus anchas por Irak, asesorando a las milicias, a pesar de que está buscado a nivel internacional, plantea muchos interrogantes, argumenta el jefe del periódico Al-Hayat en Nueva York.

El reciente cierre de las oficinas de Al-Jazeera en Irak es otro intento de silenciar a los testigos. Junto con otros medios de comunicación árabes, se ha acusado a Al-Jazeera de desinformación y de fabricación de noticias. Las mismas razones fueron aducidas por el ejército americano en 2003, cuando también decidieron cerrar las oficinas de la cadena en Irak debido a su periodismo atrevido.

La historia pronto revelará que el objetivo de la invasión de Faluya no es solamente expulsar a Daesh, sino ampliar estratégicamente el gobierno sectario respaldado por Irán por todo el terreno iraquí. Parte del plan es silenciar todas las expresiones de desacuerdo suníes contra el gobierno sectario de Bagdad, y parte es expandir la hegemonía iraní en la región.

En un artículo previo puse énfasis en que era evidente que EE.UU. ha estado apoyando y manteniendo en Irak a un régimen corrupto, en lugar de alentar un gobierno democrático.

Ahora, también es legítimo preguntar: ¿están EE.UU. y sus aliados librando una guerra errónea contra Daesh en Siria e Irak? ¿No es Daesh un síntoma en lugar de la causa de lo que está ocurriendo?

¿Acaso no son el régimen de Bashar y los gobiernos iraquíes desde 2003 la raíz de toda la trágica devastación que está teniendo lugar en esta parte del mundo, incluida la creación de este grupo terrorista?

¿Acaso la guerra real en Siria y en Irak no es contra la dictadura y los regímenes corruptos, para promover un gobierno democrático que represente a todo el mundo?

El escritor es profesor asociado de medios y comunicación. Este artículo fue publicado originalmente en the Penninsula.

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