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El legado de Obama en Oriente Medio: ejecuciones extrajudiciales y guerras sin fin

Durante su discurso de 2009 en la Universidad de El Cairo, no mucho después de que asumiera el cargo, el presidente Barack Obama declaró que estaba en la capital egipcia para "buscar un nuevo comienzo entre los EE.UU. y los musulmanes de todo el mundo"

Durante su discurso de 2009 en la Universidad de El Cairo, no mucho después de que asumiera el cargo, el presidente Barack Obama declaró que estaba en la capital egipcia para “buscar un nuevo comienzo entre los EE.UU. y los musulmanes de todo el mundo”. Tres mil personas escucharon como el presidente reconoció que el colonialismo en la región había negado a los musulmanes sus derechos y oportunidades, y que la mayoría de los países musulmanes fueron eran tratados como agentes, “sin tomar en cuenta sus propias aspiraciones”. El discurso fue interrumpido con gritos de la audiencia – “Barack Obama te queremos” – y envuelto por una ovación de pie y el canto de “O-ba-ma, O-ba-ma.”

Este fue uno de los discursos característicos de Obama, que en aquel entonces se consideraban altamente inspiradores pero que con el tiempo se han vuelto cada vez más nauseabundos. Siete años más tarde, acercándose los últimos días del presidente en su cargo, el mundo ha sido testigo de una gran cantidad de estos discursos – pero la pregunta es, ¿ha cumplido con sus promesas?

En estas primeras etapas Obama supo distanciarse de la actitud intervencionista de George W. Bush, algo que estaba en lo alto de la lista de tareas del presidente y en el campo no intervencionista fue elogiado por ello. Sin embargo, para otros esto ha producido el efecto inverso – muchos creen que uno de los mayores fracasos de Obama fue su decisión de no intervenir en el conflicto sirio y del lado del pueblo sirio, incluso cuando Assad atravesó la llamada “línea roja” y utilizó armas químicas contra su propio pueblo. Obama fue acusado de ser un hipócrita en agosto de 2014, cuando decidió que la destrucción de Daesh era de suma importancia y condujo a una coalición de países para destruir al grupo en Irak y Siria.

Luego estuvo Libia. En marzo de 2011 el presidente encabezó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que autorizó la intervención militar en Libia, y siete meses después, Gaddafi fue expulsado de su ciudad natal, Sirte, y linchado por los rebeldes apoyados por la OTAN. Desde entonces, Libia se ha convertido más en un estado fallido que en una democracia. Muchos han planteado la pregunta: ¿por qué Libia y no Siria? Otros han llamado la atención sobre el fracaso de Obama para planificar e implementar una estrategia posterior a la intervención en el país.

El legado de Obama sobre la primavera árabe es tan contradictorio como su política de intervención. Durante la revolución egipcia parecía que finalmente se ponía del lado de las personas en lugar de los autócratas, aliados desde hace mucho tiempo de los Estados Unidos – “el cambio debe producirse”, le dijo a Mubarak a principios de febrero de 2011, cuando miles de manifestantes llenaron la plaza Tahrir para exigir que dimitiera. Dos años más tarde se forjó una relación con el régimen apoyado por los militares y su líder, Abdel Fatah al-Sisi, quien había depuesto al primer presidente elegido democráticamente en Egipto en 2013 y desde entonces desató una campaña sin precedentes de violaciones de los derechos humanos en contra de cualquiera que se les opusiera. Como escribiera Mohamed El Menshawy para el Instituto de Oriente Medio, la reunión entre Obama y Al-Sisi en septiembre de 2014 en la Asamblea General de la ONU en Nueva York fue vista como “la culminación del reconocimiento norteamericano de la legitimidad del nuevo gobierno de Egipto después de la eliminación de Morsi.”

Junto con muchos otros países de Europa, EE.UU. se ha convencido a sí mismo de que Al-Sisi es un aliado en la “guerra contra el terrorismo”. Una de las promesas electorales de Obama fue terminar con esta guerra, pero en realidad ha hecho poco para frenarla y en su lugar la inflamó, siendo quizás el ejemplo más sobresaliente su fracaso a la hora de cerrar Guantánamo.

En mayo de 2011 Obama apareció en la televisión nacional para anunciar que los EE.UU. habían llevado a cabo una operación exitosa para matar a Osama Bin Laden, el líder de Al Qaeda. Un artículo de Seymour M. Hersh explica que los altos funcionarios de inteligencia – incluyendo John Brennan, asesor de Obama para la lucha contra el terrorismo en el momento y el entonces jefe de la CIA, Leon Panetta – dijeron que los métodos como el simulacro de asfixia y otras torturas fueron utilizadas en el intento por descubrir el paradero de Bin Laden. Esto, agregado a los oscuros detalles que rodearon su muerte, junto con preguntas sobre por qué no fue capturado con vida y por qué no hay fotos de su cadáver o las pruebas de ADN que se hayan publicado, contribuyen a oscurecer el asunto.

Hubo acusaciones públicas de que la muerte de Bin Laden había sido una ejecución extrajudicial, un término usado por Amnistía Internacional al describir la muerte del nacido en Estados Unidos Anwar Al-Awlaki por un ataque aéreo en Yemen en septiembre del mismo año. Con ese ataque, Al-Awlaki se convirtió en el primer ciudadano estadounidense ejecutado sin cargos criminales o un juicio en la “guerra contra el terror”. A pesar de que no era sospechoso de actividades terroristas, el hijo de 16 años de edad de Al-Awlaki murió como objetivo en un ataque dos semanas más tarde.

A lo largo de su presidencia, Obama lanzó 10 veces más el número de aviones no tripulados que Bush. La mayoría han atacado Pakistán, pero también han caído sobre Afganistán, Somalia y Yemen, y probablemente han fortalecido la determinación de los grupos terroristas. En febrero de 2015 por lo menos 2.464 personas fueron asesinadas por los ataques con aviones no tripulados de Estados Unidos fuera de las zonas de guerra declaradas del país desde que Obama fue investido. 314 de ellos eran civiles, alrededor del doble de la cantidad de civiles muertos bajo el mandato de Bush.

Mientras tanto, en los territorios palestinos ocupados, los asentamientos continúan a pesar del empuje de Obama para congelarlos como condición previa para las conversaciones de paz renovadas con la Autoridad Palestina. En 2013, a pesar del hecho de que esta condición no se ha cumplido, el secretario de Estado John Kerry se lanzó a las negociaciones. Para el año 2014 habían colapsado. En las primeras 48 horas de su presidencia Obama instó a Israel a aliviar el bloqueo de Gaza: “Como parte de un alto el fuego duradero, los cruces fronterizos de Gaza debían ser abiertos para permitir el flujo de ayuda y el comercio”. Bajo el mandato de Obama el sitio de Gaza se ha reforzado, no sólo a lo largo de la frontera de Israel con la Franja, sino también en Egipto.

Tal vez el elemento más positivo del legado de Obama en Oriente Medio fue su papel en el acuerdo nuclear con Irán en 2015, permitiendo a éste continuar su programa nuclear, con restricciones. A pesar de los millones de dólares que los grupos de presión israelíes vertieron en la campaña para presionar a los EE.UU. para que abandonara la operación, Obama obtuvo el respaldo mayoritario en el Senado. Muchos quedaron impresionados de que derrotara públicamente a los grupos de presión.

Pero, ¿es esto suficiente? ¿Estableció Obama un nuevo comienzo con los musulmanes y los países de mayoría musulmana como prometió hacer hace siete años? Como Mark Lynch escribió para Asuntos Exteriores el año pasado: “Su administración ha fallado claramente en cumplir las promesas formuladas en sus inspiradores discursos”. El discurso de Obama en la Universidad de El Cairo en 2009 se inscribe en esta lógica.

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MEMO Staff Writer

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