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Lecciones en el aniversario de la Nakba

En el aniversario de la Nakba de 1948, creo que es apropiado compartir algunas lecciones que pueden extraerse de la experiencia palestina desde el establecimiento del Estado de Israel en la tierra de la Palestina histórica.

En el aniversario de la Nakba de 1948, creo que es apropiado compartir algunas lecciones que pueden extraerse de la experiencia palestina desde el establecimiento del Estado de Israel en la tierra de la Palestina histórica.

Para empezar, es mentira decir que el rechazo palestino y árabe al Plan de Partición de la ONU contribuyó a la Nakba y condujo a Israel a ocupar el 78 por ciento del Mandato Palestino; dado que la ONU asignó poco más del 50 por ciento al estado sionista. Este rechazo ha sido considerado en ocasiones un “error” pero ahora los documentos de dominio público arrojan más luz sobre esta mentira.

Estos documentos demuestran que los sionistas y sus partidarios siempre intentaron y planearon tomar más tierra de la asignada por la ONU, y llevar a cabo la limpieza étnica de los palestinos para así expulsar a la mayor cantidad posible de árabes antes de que llegara el alto el fuego. Esto a su vez confirma que también es falso afirmar que Israel no tenía más opción que defenderse a sí mismo después de que los árabes rechazaran la partición y declararan la guerra contra el recién creado estado. En la batalla contra los árabes en ese momento, los israelíes argumentan que tenían “derecho” a los despojos. Merece la pena señalar que el número de combatientes y armas disponibles para el estado naciente superaba en términos de cantidad y calidad a aquellos de los “ejércitos” árabes que fueron en ayuda de Palestina. Además, el apoyo ofrecido a los sionistas por las autoridades británicas contribuyó a la derrota de los árabes, no su rechazo al Plan de Partición.

El Gobierno de toda Palestina se formó con el fin de controlar los territorios palestinos que no eran parte de Israel. Sin embargo, fue incapaz de mantenerse por sus propios medios dado el rechazo de los gobernantes árabes vecinos, así como por su complicidad y dependencia con su estimado aliado británico, el autor de la infame Declaración Balfour de 1917.

No podemos acusar a la gente y a los líderes palestinos como responsables por su negativa a aceptar la división de su país de origen en base a un movimiento colonial de asentamientos extranjeros. La aprobación hubiera dividido al país,a la gente y a la causa. Si eso hubiera ocurrido y los líderes palestinos hubieran aceptado el Plan de Partición, entonces la causa palestina no estaría viva hoy. El levantamiento palestino contemporáneo ha reavivado la causa años después de la Nakba, y permanece vivo a pesar de todos los peligros y desafíos que afronta.

Por supuesto, los palestinos y los árabes podrían haber prestado más atención al grupo que habló sobre el establecimiento de un estado palestino (un estado árabe, según el texto del Plan de Partición) y haber dirigido a este grupo de manera positiva sin estar de acuerdo con la partición. Esto habría clarificado la posición sionista en el tema. Sin embargo, a pesar de su importancia, esto no es más que un detalle, porque la realidad es y fue el gran desequilibrio a favor de Israel y de sus partidarios en los pasillos del poder.

Una de las lecciones aprendidas de la experiencia es que fue un gran error borrar el elemento palestino de la lucha a favor del aspecto árabe, sobre todo en los años 50 y 60. Por otra parte, se abrió el camino opuesto en Oslo, con un enfoque del aspecto palestino que excluía el elemento árabe. Es un error actual levantar la bandera del internacionalismo, el nacionalismo o la religión en detrimento de la centralidad del conflicto palestino, el cual era y sigue siendo crucial para la restauración de los derechos nacionales palestinos.

Son los palestinos los propietarios de la tierra y las víctimas del sionismo; están en el frente en la confrontación con el proyecto sionista, el cual es una materialización y extensión de la hegemonía imperialista extranjera sobre la región. En base a esto, es un error descuidar los aspectos árabes e internacionales por completo, ya que la ocupación de Palestina no sólo tiene como objetivo la tierra palestina, sino que también pretende mantener cautivo al mundo árabe en el atraso, la ignorancia, la pobreza, la dependencia y la fragmentación, y por consiguiente bajo control extranjero para que su riqueza puede seguir siendo saqueada y sus mercados explotados.

Los palestinos por sí solos no serán capaces de liberar Palestina dada la participación israelí en los proyectos hegemónicos en la región. Sin embargo, tampoco pueden esperar hasta que el genio árabe, musulmán o internacional despierte. Su deber es mantener la llama del conflicto y la lucha encendida y conseguir tanto como sea posible en cada etapa. La revolución tiene una cara palestina, una profundidad árabe y una perspectiva y dimensión internacional.

Tras su creación, los revolucionarios palestinos, especialmente Fatah, ofrecieron resistencia armada bajo el lema, “Mi fusil es mi identidad”; la resistencia armada era el único camino. A continuación, los dirigentes palestinos dieron marcha atrás a sus principios y consideraron negociaciones y otros esfuerzos políticos como la única manera de conseguir derechos y objetivos nacionales. Se concedió el derecho a la lucha armada luego de la firma de los Acuerdos de Oslo, y se aceptó la definición de esa resistencia como “terrorismo”. Los dirigentes palestinos también, lamentablemente, reconocieron a Israel el “derecho” a existir en el 78 por ciento de la Palestina histórica, pero no insistieron en el reconocimiento por parte de Israel de los derechos de los palestinos.

Con las negociaciones continuamente fallando, se cree que la solución son más negociaciones, o simplemente no hacer nada mientras se espera a que comience algo nuevo. Lo único que se consigue es la mejora de ciertas condiciones o la prestación de apoyo y soporte diplomático internacional a nivel de formalidad.

La conclusión que puede extraerse de la lucha palestina es que es posible y necesario combinar la resistencia armada y la pacífica. Podemos centrarnos más en una forma que en otra, o adoptar una sobre la otra en diferentes momentos en función de las necesidades y circunstancias de cada etapa específica y la viabilidad de una opción sobre la otra dependiendo del balance de ventajas e inconvenientes. Sin embargo, no hay que abandonar lo que hemos aprendido de nuestra amplia experiencia; el derecho del ocupado pueblo palestino a ejercer la resistencia armada contra la ocupación militar de sus tierras está protegida por las resoluciones de Naciones Unidas, el derecho internacional y, de hecho, todas las religiones. El ejercicio de este derecho está sujeto a las estrategias políticas en cada etapa.

No es una sola parte o elemento lo que determina la forma o formas de lucha, hay muchas: la naturaleza de la lucha y sus características; el equilibrio de poder; las distintas partes implicadas y los factores que influyen en ellas; la buena o mala voluntad de una o ambas partes en los esfuerzos por encontrar una solución; y las consecuencias del uso de la fuerza y la destrucción. No podemos enfrentar el excesivo y desproporcionado uso de la fuerza militar de Israel exclusicamente con la resistencia pacífica. Debemos tener en cuenta el impacto que la ausencia de una fuerza árabe, regional, internacional y estratégica tiene en la lucha armada. El colapso de la Unión Soviética y su apoyo a los movimientos de liberación, así como la solidaridad árabe, junto con la situación actual en la región, todo debe ser tomado en cuenta de forma integral.

El moderno movimiento nacional fue lanzado con la convicción de que Palestina puede ser liberada en un golpe o esfuerzo una vez que se logre la unidad árabe o después del establecimiento de algo parecido a un califato islámico, y que no hay lugar para fases y acuerdos temporales. Por lo tanto, al principio, cualquier persona que hablara de un acuerdo con los israelíes o de la aceptación de un estado en sólo una parte de los territorios palestinos se lo consideró como traidor. Luego, los círculos influyentes en el movimiento nacional cambiaron y comenzaron a creer que “el logro de algo es mejor que nada”, reclamando que nosotros “salvamos lo que pueda ser salvado.” Esto ha llegado al punto de conceder la mayor parte de Palestina, negociando con el legítimo derecho de retorno, la soberanía y el territorio del estado palestino, sin lograr nada, ni siquiera el establecimiento de un verdadero Estado en parte de Palestina.

El resultado de este enfoque es la pérdida de todo. Los líderes no han logrado preservar la unidad de la causa, la tierra y la gente, como tampoco la narrativa y los derechos históricos; han fracasado en liberar cualquier parte de Palestina.

La lección que podemos aprender de todo esto es que para conseguir algo en etapas no se puede permitir que estoa estrategia interfiera o sustituya a los objetivos generales de los derechos humanos. El precio de estos logros no debe ser la concesión de los derechos básicos. ¿Cuál es el sentido de conseguir algo si el precio es concederlo todo?

Traducido de Masarat.ps, 10 de Mayo de 2016.

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