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La “liberación” de Palmira en Siria: Un momento decisivo en la cobertura del conflicto

Y, mientras escuchaban el hermoso sonido de Bach, los guardianes de esta civilización bombardeaban un campo de refugiados donde se resguardaban cientos de familias exiliadas en la frontera de Siria.

La reputada Orquesta del Teatro Mariinsky de Rusia se subió al escenario el jueves. Los músicos no estaban tocando en su entorno habitual, en el grandioso Teatro Mariinsky de San Petersburgo, sino en las ruinas de la antigua ciudad de Palmira en Siria. El régimen sirio, con la ayuda de Rusia, recapturó Palmira de Daesh en marzo, en lo que fue percibido como una gran victoria sobre el grupo que filmó la destrucción de algunos de las históricas construcciones de la ciudad. La actuación musical pretendía ser una celebración de esto y Rusia se aseguró de que fuera un evento ampliamente cubierto por la prensa, con alrededor de 100 periodistas transportados al corazón de la Siria en guerra y una emisión televisada del presidente ruso Vladimir Putin.

La actuación estuvo cargada de simbolismo – una orquesta rusa interpretando las sinfonías de músicos clásicos como Bach y Prokofiev en un anfiteatro de la era romana, el mismo lugar en que Daesh ejecutó a decenas de personas el año pasado – y fue diseñado para invocar imágenes de la civilización triunfando sobre la barbarie. Esta narrativa es comprensible vistos los intentos por parte del régimen sirio, desde la oleada de protestas de la revolución siria, y lo que vino después, para enmarcar el conflicto de esta manera.

La BBC utilizó el término “liberación” para describir el avance del ejército sirio hacia la antigua ciudad, al igual que lo hizo el Daily Telegraph. Un colaborador habitual de The Guardian escribió que la recaptura de la ciudad “debe levantar el ánimo de todos quienes conocían su antigua gloria”. Las palabras desafiantes de Maamoun Abdelkarim, jefe de antigüedades de Siria, fueron citadas en los principales medios de prensa británicos sin cuestionamientos, como si él no fuera una parte crucial de una agencia de propiedad de un gobierno acusado de cometer crímenes de guerra.

El alcalde de Londres, escribió un artículo en el diario Times destacando vehementemente la importancia de salvar a Palmira, describiendo una “enfermedad física en la idea de entregar esta obra maestra urbana a los monstruos de ISIL”, utilizando otro acrónimo de Daesh. Cuando la ciudad fue recuperada, escribió otra pieza que, al mismo tiempo que esbozaba los crímenes del líder sirio, decía: “La victoria de Assad es una victoria para la arqueología, una victoria para todos quienes se preocupan por los antiguos monumentos de uno de los más increíbles yacimientos culturales de la Tierra”. Palmira se convirtió en un símbolo de nuestra conjunta repulsión contra Daesh y por defecto; el líder del régimen sirio y Putin se convirtieron en socios en esta batalla. Cuando fue recapturada por las fuerzas sirias, los informes de noticias británicas retrataron esto como una victoria y al hacerlo los dos dictadores también se convirtieron en los héroes de la historia.

Las ruinas de Palmira están, sin duda, mucho más seguras bajo el control del líder sirio de lo que estaban bajo Daesh – a un grupo de arqueólogos se les permitió el acceso a las ruinas casi inmediatamente después de que la zona fuera recapturada-. Sin embargo, enmarcar a Assad como guardián de la civilización no es correcto de ninguna manera. Palmira es sólo uno de los sitios del patrimonio mundial de la UNESCO en Siria que ha quedado con cicatrices de batalla. La conocida como “Krak de Chevaliers, cerca de Homs, una de las fortalezas mejor conservadas del mundo desde el siglo XII, sufrió graves daños por los ataques aéreos del gobierno. La Asociación para la Protección de la Arqueología Siria ha publicado un vídeo que muestra a las fuerzas de régimen bombardeando una ciudadela, Bosra, otro patrimonio protegido por la UNESCO.

La recuperación tuvo otro logro estratégico: se evitó exitosamente la devastación humana. Palmira parece ser más importante. Los arqueólogos estaban siendo entrevistados como si fueran expertos en Siria. Mientras tanto, el gran disgusto por la destrucción y el saqueo de Palmira, mostrado en innumerables artículos escritos por personas que probablemente no habían oido jamás nada sobre el lugar antes de su captura por Daesh, fue visto como un signo de humanidad (lo que no hizo recordar la amplia historia de saqueo de sitios históricos por parte del Reino Unido, algo que no se ha tratado de rectificar).

Una réplica del Arco del Triunfo fue construida en Trafalgar Square como mensaje destinado a ser interpretado como, “puedes destruir, pero vamos a reconstruir”, un gesto de “solidaridad con Palmira”, según el alcalde de Londres, como si fuera posible tener solidaridad con un sitio histórico. De hecho, Palmira es algo más que una colección de artefactos, son monumentos del pasado de Siria y su conservación es importante para su futuro. Pero la solidaridad sólo se extendía hasta donde llegaban los crímenes de Daesh, ahora percibidos como una amenaza compartida, mientras el régimen de Assad se desvanecía de los pensamientos. Todo es parte de una tendencia en la que el enemigo del pueblo sirio está siendo redefinido por los medios de comunicación británicos, como si la inhumanidad de Daesh borrara el horror de Assad.

Esta es la batalla táctica de Al-Assad: ser el menor de dos males. Alimentar el surgimiento de grupos tales como Daesh formaba parte de este plan. Durante un período de varios meses en 2011, Al-Assad liberó cerca de 1.500 militantes islamistas de las prisiones para subvertir el levantamiento pacífico y así justificar su fuerte represión a los manifestantes (según un artículo del Wall Street Journal, nueve de los prisioneros liberados lideraron grupos “extremistas”).

Quienes estaban presentes en la representación de la orquesta rusa eran funcionarios de la Media Luna Roja Siria, líderes religiosos y dignatarios de todo el país, una delegación del Ministerio de Cultura de Rusia, e incluso algunos embajadores de la UNESCO. Estaban celebrando la preservación de la civilización. Y, mientras escuchaban el hermoso sonido de Bach, los guardianes de esta civilización bombardeaban un campo de refugiados donde se resguardaban cientos de familias exiliadas en la frontera de Siria.

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