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Motivos y repercusiones de la dimisión de Davutoglu

El primer ministro turco Ahemt Davutoglu.

El primer ministro turco Ahmet Davutoğlu manifestó que está “dispuesto a ceder en todas sus posturas con el fin de no infligir ningún daño a la causa de nuestro partido o a mis compañeros”. Realizó esta afirmación con seguridad, en el curso de una rueda de prensa convocada para anunciar la fecha del congreso extraordinario del Partido gobernante de la Justicia y el Desarrollo. “Mantendré estrechos lazos de carácter familiar con el presidente [Recep Tayyip] Erdogan y nunca permitiré la difusión de rumores o conjeturas acerca de mi respeto hacia él y hacia su papel de líder de la República Turca,” añadió el premier.

Davutoğlu realizó estos comentarios en respuesta a la difusión pública de la noticia de que en el congreso del 22 de mayo anunciará su dimisión. No resulta fácil afirmar que se trataba de algo previsible, aunque se habían producido muchas filtraciones a los medios, con fuentes razonables, según las cuales se habrían producido serias diferencias entre ambos líderes. La dimisión del primer ministro representa un giro dramático de los acontecimientos para la política turca, y tendrá serias consecuencias políticas y económicas.

En tanto que el presidente Erdogan y Davutoğlu rechazan tajantemente la existencia de desacuerdos, las filtraciones sugieren que no todo iba bien a puertas cerradas. No constituye, sin embargo, un secreto, que ambos sostienen opiniones diferentes acerca de un buen número de cuestiones. Un mes antes del anuncio de Davutoğlu se difundieron rumores de la fecha del congreso y de su intención de no presentarse de nuevo al cargo en el partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).

Desde que la formación llegó al poder en 2003, ha registrado una serie de éxitos electorales sin precedentes, bajo su fundador Erdogan. Sin embargo, durante las controvertidas elecciones nacionales de junio, el AKP perdió por primera vez su mayoría absoluta.

De forma más bien sorprendente en su papel de primer ministro y de director del AKP, Davutoğlu sugirió que el pueblo turco parecía haber votado en contra del sistema presidencialista. Se cree que está resistiéndose a la transformación del sistema parlamentarista turco en un sistema de presidencia ejecutiva, lo que sería la preferencia de Erdogan.

Esta declaración post-electoral del año pasado fue percibida como indicador de la primera vez que Davutoğlu se había marcado como posible sucesor del líder más carismático e influyente de la Turquía moderna. Durante su mandato como primer ministro, Davutoğlu consiguió retratarse como un político independiente y no simplemente la imagen estereotipada de un sucesor servil, elegido a dedo.

Tras la pérdida de la mayoría parlamentaria del AKP, Davutoğlu trató en vano de formar una coalición de gobierno. De forma casi inevitable, el presidente Erdogan convocó entonces las elecciones anticipadas de noviembre, en las que el partido recuperó su mayoría en el parlamento.

Tras la victoria electoral, Davutoğlu consolidó su autoridad buscando un mayor empoderamiento como líder fuerte merecedor de suceder al fundador extremadamente poderoso del partido. Las tensiones que estaban cociéndose a fuego lento entre ambos han alcanzado ahora el punto de ebullición, con Davutoğlu pensando que la vieja guardia del AKP pretende despojarle de sus poderes para elegir a los miembros del consejo supremo del partido y a los líderes provinciales. De hecho, ya lo han hecho así, asignando ese poder al Comité Supremo de Delegados del AKP, cuidadosamente seleccionado por Erdogan.

La gota que colmó el vaso fue, aparentemente, la declaración del ministro de transporte y telecomunicaciones Binali Yildirim, conocido por su cercanía al presidente, de que se iba a presentar como a líder del partido en el próximo congreso. De forma sorprendente, los miembros del partido ya están recogiendo firmas para su candidatura, que es lo que empujó a Davutoğlu a anunciar su intención de dimitir como primer ministro para no ahondar la brecha.

Otras filtraciones han revelado que los posibles reemplazos de Davutoğlu son el portavoz del gobierno Noman Kurtulumus, el ministro de justicia Bekir Bozdag y el ministro de energía Berat Albayrak, así como Yildirim.

Esta división entre las dos figuras políticas en Turquía coincide con los avances del ejército contra la proscrita organización terrorista del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Davutoğlu y Erdogan también difieren en esta cuestión. El primero había propuesto la vuelta a las conversaciones de paz para lograr una reconciliación pacífica y poner fin a los combates en las provincias del sur y el sureste de Turquía, en tanto que el segundo parece más militarista.

La disputa entre ambos por el nombramiento del jefe del Servicio Turco de Inteligencia , Hakan Fidan, en las elecciones parlamentarias, fue otra manifestación de las discrepancias entre ellos. Davutoğlu alentó a Fidan a presentarse sin la aprobación de Erdogan, que declaró en público que no favorecía este movimiento; como presidente, añadió, confiaba en que el exigente papel de Fidan en la inteligencia era mucho más importante que un escaño en el parlamento. Finalmente, Fidan retiró su candidatura.

La política económica ha sido otro punto de divergencia, puesto que Erdogan respalda políticas de unos tipos de interés más bajos, mientras que Davutoğlu quiere evitar cualquier tipo de intervención del gobierno para mantener la independencia del banco central. Además, se dice que Erdogan no estaba satisfecho con que no se le hubiera consultado sobre el importante acuerdo de Turquía con la UE sobre los refugiados sirios.

Cuando la disputa se hizo pública, la bolsa turca cayó, mientras que la lira turca también dio un traspiés en relación al resto de divisas cuando los inversores interpretaron la situación.

Hay muchos que ven este desarrollo de los acontecimientos en Turquía como la oportunidad de agitar las cosas. Los canales de la oposición subrayaron el domino de Erdogan del poder ejecutivo, y denunciaron que trataba de convertirse en el único sultán coronado. Otros, de agendas políticas y religiosas propias, describieron el conflicto entre presidente y primer ministro como continuación de una caza de brujas del “dictador” –Erdogan-, contra sus rivales. “Comparado con otros dictadores, el control de Erdogan sobre Turquía no está totalmente consolidado,” tuiteaba un escritor de izquierdas. “Sin embargo, con la dimisión de Davutoğlu se encuentra en sus fases finales de consolidación.

Los oponentes de Erdogan han empleado incluso las palabras del antiguo presidente Abdullah Gul, que dijo la célebre frase de “Me he encontrado con una gran falta de respeto desde dentro de mi propio bando”. De forma similar, el antiguo viceprimer ministro Bülent Arınç dijo: “He sido invitado con desprecio al congreso del partido que fundé. No es la forma apropiada de tratar a alguien como yo”.

Ambas figuras políticas de renombre aseguraron ser soldados rasos sinceros para el partido que aman, y no apuñalar nunca por la espalda a sus compañeros. Mientras que Gul ha dejado claro que pretende seguir en política, Arınç prefiere tomarse un descanso, aunque ha prometido que reanudará su carrera política cuando se le presente una oportunidad favorable.

El cambio en el liderazgo del partido de la Justicia y el Desarrollo llega en un momento en el que el país se enfrenta a numerosos y complejos desafíos. Estos incluyen las actuales operaciones militares contra los militantes del PKK, los ataques terroristas de Daesh en la frontera con Siria y en las ciudades turcas, y la entrada de millones de refugiados sirios que huyen de la ofensiva a gran escala de la fuerza aérea rusa y de la bárbara agresión del régimen de Assad dentro y alrededor de Alepo.

La renovación del liderazgo en un periodo tan crítico constituye un paso arriesgado, del que algunos creen que finalmente llevará a una división del AKP. En particular ahora que más voces piden una oposición seria al creciente poder el presidente Erdogan. Sus críticos dicen que se ha vuelto cada vez más autoritario y que esto tendrá un impacto negativo en el referéndum propuesto sobre el sistema de gobierno en la nueva constitución turca.

Finalmente, merece la pena mencionar que Erdogan y Davutoğlu no diferían en cuanto a las visiones o las estrategias, sino que su desacuerdo se circunscribe al partido y a su gestión operativa y mecanismos de toma de decisiones. La constitución turca otorga a los líderes políticos espacio para el desacuerdo, pero esto ha conducido finalmente a este choque entre el jefe del estado y el jefe del gobierno.

Es cierto que Erdogan dimitió del AKP tras ser elegido presidente, pero su influencia y sus leales seguidores siguen presentes. Puesto que ha afirmado repetidas veces que no será un presidente típico, pretende activar sus derechos constitucionales y desempeñar un papel más poderoso durante su mandato.

 

 

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