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Israel, estado sin ley

En la ley y en la práctica, Israel no se define como el estado de todos sus ciudadanos (como hacen, al menos formalmente, el resto de naciones modernas industrializadas), sino como el estado de todos los judíos del mundo.
Activistas palestinos chocan con soldados israelíes en una protesta contra la expansión de las colonias, cerca de Nabi Saleh, en marzo de 2015.

Israel se presenta a sí mismo ante el mundo como “la única democracia en Oriente Medio”. En términos explícitamente más racistas y coloniales, en ocasiones asegura ser una “villa” de civilización en medio de la “jungla” de Oriente Medio, tal y como lo expresó una vez el criminal de guerra Ehud Barak.

Pero para el pueblo palestino, y para cualquiera que haya pasado algún tiempo visitándolos o viviendo entre ellos para ser testigo de la verdad, estas afirmaciones suenan vacías.

Para los palestinos, Israel es una democracia solamente para sus ciudadanos judíos. Para sus ciudadanos palestinos (en torno al 20%) es una etnocracia. En la ley y en la práctica, Israel no se define como el estado de todos sus ciudadanos (como hacen, al menos formalmente, el resto de naciones modernas industrializadas), sino como el estado de todos los judíos del mundo.

Esto significa que judíos de Londres, de Nueva York o de Yemen, sin lazos familiares ni historia en el país, tienen más derechos sobre el territorio de Palestina que los habitantes nativos de ese país: el pueblo palestino. Ésta es la realidad del sionismo.

El estatus de minoría de los palestinos dentro del Israel de la actualidad no constituye un accidente a nivel histórico. La mayoría judía fue impuesta de manera violenta en 1947-48, cuando grupos terroristas sionistas expulsaron a más de 750.000 palestinos. A los refugiados nunca se les permitió regresar. Ellos y sus descendientes siguen viviendo en el exilio, hacinados en campos de refugiados de capacidad cada vez más saturada en los países circundantes.

Si se toman las fronteras completas de la Palestina histórica, desde el río hasta el mar, y se analiza la demografía, hace años ahora que los israelíes ya no tienen una mayoría general. A grandes rasgos la división es al 50%, y los palestinos serán pronto mayoría si es que no lo son ya.

Para los palestinos que viven en Cisjordania y en la Franja de Gaza, la afirmación de Israel de ser una democracia “civilizada” y un estado de derecho, también suena a hueco, pero con unos ecos más violentos.

Tras la retirada de la ocupación directa, dirigida por colonos, con la evacuación de 2005, la ocupación de Gaza fue reconfigurada y dirigida más hacia el control de las fronteras de la franja, su espacio aéreo, su costa, los pasos fronterizos e incluso (indirectamente) la frontera con Egipto.

Esta ocupación se ha visto marcada por masacres periódicas contra la población civil de Gaza, que vive en su mayoría en zonas muy densamente pobladas. La última de estas agresiones contra el pueblo palestino en Gaza mató a 2.200 personas, la mayoría civiles –entre ellos 550 niños-.

Y así, se hace realidad la profecía de 2004 del profesor israelí Arnon Soffer: “Va a ser una catástrofe humana (…) La presión en la frontera [con Gaza] va a ser terrible. Se producirá una guerra horrible. Así que, si queremos seguir con vida, tendremos que matar, matar y matar. Todo el día, cada día”.

Soffer, un racista vehemente, no es una figura marginal en Israel. Fue el cerebro detrás del muro del apartheid en Cisjordania, imitado por el criminal de guerra el primer ministro Ariel Sharon.

El régimen de Israel en Cisjordania es un régimen que tortura y encarcela –con una Autoridad Palestina servil cuyas fuerzas armadas se emplean en la “coordinación en materia de seguridad” con el ocupante israelí-. Para los palestinos, se trata de un régimen sin ley. Los colonos y soldados israelíes pueden matar a voluntad a palestinos desarmados, sin que haya consecuencias.

El asesinato en marzo de Abd al-Fattah Yusri al-Sharif lo volvió a demostrar una vez más. Una cámara captó al soldado israelí Elor Azarya disparando tranquilamente a la cabeza de al-Sharif, herido y totalmente inmovilizado, mientras yacía en el suelo.

El único motivo por el que Azarya fue detenido fue porque el incidente había quedado grabado, atrayendo por ello algo de atención de los medios de comunicación internacionales. Pero incluso así, sólo se enfrenta a cargos de homicidio imprudente, por algo que fue claramente un acto muy deliberado. Ha sido liberado y se encuentra bajo arresto domiciliario, y el gobierno se encuentra sometido a presión popular para liberarlo por completo.

Aunque los altos cargos israelíes generalmente son conscientes de la imagen que dan a la prensa internacional, en ocasiones se les cae la máscara. Y con el tiempo se vuelven más y más descarados en este sentido.

Una entrevista de 2009 con el coronel de la reserva Daniel Reisner es bastante reveladora en este sentido. Se trata del antiguo dirigente de la “División Legal Internacional” de la Abogacía General del Ejército.

Lejos de garantizar la adhesión a la ley internacional, la entrevista ofrece una instantánea de una organización cuya labor es ayudar a encontrar maneras de esquivar la ley.

Según un jurista israelí, escribió el periodista que firma la entrevista, “la unidad es considerada el más combativo de todos los cuerpos legales en Israel, y está dispuesta a adoptar las interpretaciones más flexibles de la ley con el fin de justificar [los ataques militares israelíes]”.

Reisner es incluso más explícito: “Defendemos políticas que se encuentran en el límite: el “procedimiento del vecino” [uso de escudos humanos], demoliciones de casas, deportaciones, asesinatos selectivos”.

Justificando las violaciones sistemáticas de Israel de la ley internacional, defiende que “la ley internacional progresa a través de las violaciones”.

Además, alardea de cómo los programas de asesinato de Israel han sido adoptados por otros países, como EE.UU. y Reino Unido. “Nosotros inventamos la teoría del asesinato selectivo, y tuvimos que hacer presión. Al principio había flecos que hacían difícil insertarla con facilidad en los moldes legales. Ocho años más tarde, está en el centro de los límites de la legitimidad”.

En realidad, la violación de la legalidad internacional es lo opuesto al “progreso”.

En los filtrados Papeles de Palestina, la antigua ministra de exteriores y “ministra de justicia” Tzipi Livni lo dejaba aún más claro: “Fui ministra de justicia. Soy abogada… Pero estoy en contra de la ley, de la ley internacional en particular. De la ley en general”.

En otras palabras, Israel está en contra de cualquier medida que le pueda exigir responsabilidades por sus continuas violaciones de los derechos humanos de los palestinos.

Se trata de un estado sin ley cuya impunidad debe terminar.

 

 

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Asa Winstanley

Editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004

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