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Hora de advertir a Israel ante el rechazo del estado palestino

La colonia ilegal de Revava, cerca de Nablús, en la Cisjordania ocupada.

El antiguo vicealcalde de Jerusalén se dirigió a su audiencia americana con palabras crudas. Empleando datos oficiales, Meron Benvenisti mostró cómo el gobierno israelí había “procedido de forma metódica y efectiva hacia la anexión de facto de Cisjordania. En términos del papel de Cisjordania y de su “parte en una solución” con los palestinos, dijo Benvenisti, quedan “cinco minutos para la medianoche”.

¿Suena pertinente? De hecho, este discurso es de hace 34 años, de 1982. Según los comentarios de Benvenisti, el gobierno israelí de aquel entonces (bajo Menachem Begin) pretendía “alcanzar la cifra de los 100.000 colonos en Cisjordania lo antes posible”, una “masa crítica” lo suficientemente grande para que “ningún gobierno israelí posterior pudiera aceptar retirarse del territorio”.

Más de tres décadas después, la población de los asentamientos ilegales israelíes en Cisjordania ha crecido hasta la cifra de 400.000. Si le añadimos las colonias de Jerusalén Este, la cifra total alcanza aproximadamente 600.000. Entonces, si en 1982 quedaban “cinco minutos para la medianoche”, ¿qué hora es ahora?

El problema, para seguir con la metáfora, es que parece ser que mucha gente ha parado sus relojes. No es como si el discurso de Benvenisti en 1982 fuese una advertecia única o aislada; al año siguiente, el New York Times informaba de que los palestinos temían “que se estuviese agotando el tiempo para el compromiso en vista de la extensa construcción de asentamientos [por parte de Israel]”.

El mismo artículo, casualmente, citaba los infames comentarios por el entonces jefe saliente del ejército israelí, Rafael Eytan, que declaró ante la Knesset: “Cuando hayamos colonizado la tierra, lo único que podrán hacer al respecto los árabes será zumbar como cucarachas drogadas dentro de una botella”.

Dando un salto adelante a 1999, el New York Times escribía que aunque “habrá casi con total seguridad un estado palestino (…) será un estado de carácter peculiar”. ¿Por qué? Porque “los asentamientos judíos en Cisjordania constituyen un obstáculo fundamental a la creación de un estado normal para los palestinos”. Estas palabras se hacen eco de la visión de Yitzhak Rabin de una “entidad [palestina] que es menos que un estado”.

Hace siete años, un comentarista de The Guardian escribió que “es difícil observar el control israelí del área del estado anterior a 1967, de Cisjordania y de Gaza como si no constituyeran un solo estado de facto”. En 2012, se produjo una “creciente alarma internacional” porque la expansión de los asentamientos “estaba acabando con cualquier perspectiva de un futuro acuerdo de paz con los palestinos”.

Esto es solamente una instantánea; los ejemplos abundan, desde hace más de 30 años, de la preocupación por que la colonización de Cisjordania por parte de Israel pueda poner en peligro la viabilidad de un estado palestino. Sin embargo, en términos retóricos, el reloj sigue parado a las doce menos cinco de la noche. Si juzgamos en base a sus acciones reales, los gobiernos occidentales no tienen prisa en absoluto.

En la actualidad, tenemos un gobierno israelí que rechaza de forma explícita o implícita el estado palestino. Hace un año, Benjamin Netanyahu declaró: “No dividiremos Jerusalén, no haremos concesiones, no nos retiraremos de ningún territorio”. El octubre pasado, la ministra de justicia Ayelet Shaked afirmó ante el público en Washington D.C.: “No hay y nunca habrá un estado palestino”.

Esta misma semana, Shaked declaró que está “preparando un plan con la Fiscalía General para aplicar la ley israelí en Cisjordania”, intensificando “la tendencia de los años recientes de aplicar la ley israelí en Cisjordania, a través de decretos y de órdenes militares”. Naftali Bennet, el líder de la formación de Shaked, Hogar Judío, ha expresado de forma explícita que la anexión de Cisjordania es un “proceso” gradual.

La construcción de colonias y la expansión continúan rápidamente. ¿Pero por qué sorprenderse? Cuando Netanyahu fue elegido primer ministro por primera vez en 1996, la CNN informó de que el líder del Likud había “prometido ralentizar el proceso de paz, construir nuevos asentamientos judíos en Cisjordania y bloquear la creación de un estado palestino”.

Los políticos israelíes más espabilados, así como los lobbies pro-israelíes activos en las capitales occidentales, están desesperados por mantener la ilusión de que un estado palestino aún es posible. Esto sirve a dos propósitos: prevenir la consideración seria de alternativas que amenazasen a Israel como “estado judío” y espantar la posibilidad de que se aplique una presión seria sobre el gobierno israelí.

Para mantener en marcha el mecanismo en tanto que Israel refuerza su control sobre Cisjordania se han desarrollado diversos conceptos, como el del “bloque de asentamientos”. O la idea de que fuera del (ilegal) muro de separación –como si se tratase de una frontera seria- hay sólo –“sólo”- 100.000 colonos a los que retirar.

Puede que la comunidad internacional esté cruzando los dedos y esperando que alguna coalición de los denominados moderados o centristas gane unas elecciones. Pero eso no pondrá fin a los asentamientos; el manifiesto del partido opositor Campo Sionista para las elecciones de 2015 era un plan de acción para un apartheid palestino, no para un estado.

Ahora, la formación laborista de Isaac Herzog ha desechado oficialmente los planes para un “estado” palestino. El Partido Laborista, no lo olvidéis, tiene su propia larga historia de expandir la colonización de Cisjordania; en los tres primeros meses del mandato de Ehud Barak en 1999, el gobierno autorizó la construcción de nuevos asentamientos “a un ritmo que excedía el de [la anterior administración de Netanyahu]”.

Según el entonces ministro de vivienda Yitzhak Levy, la mayoría de las nuevas construcciones se produjeron en asentamientos en Cisjordania cerca de Jerusalén. Según añadió, “sería necesario fortalecer el músculo de estos enclaves si el gobierno pretende salvaguardar Jerusalén en las negociaciones [diplomáticas]”. Un ejemplo de libro de cómo los hechos consumados se convierten en el nuevo “consenso”.

El mes que viene, la ocupación militar israelí de Cisjordania y de la Franja de Gaza cumplirá su 50 aniversario. Cada gobierno israelí del último medio siglo ha supervisado el crecimiento de la población de colonos y ha consolidado el sistema del apartheid. ¿Cuándo anunciarán finalmente los políticos de Occidente la hora de poner fin al rechazo de Israel a un estado palestino?

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Ben White

Ben White is a British journalist and activist who primarily writes about the Israel-Palestine conflict

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