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La marcha de Davutoğlu deja vía libre al sistema presidencialista

Con su habitual estilo conciliador, Davutoğlu aseguró en cualquier caso que no siente rencor y que sigue apoyando al presidente, con quien mantiene “una relación fraternal”.
El ex-presidente del AKP, Dr. Ahmet Davutoglu.
El presidente en funciones del AKP, Dr. Ahmet Davutoglu.

Clara Palma Hermann

El choque entre el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan y el primer ministro Ahmet Davutoğlu era inevitable desde hacía meses. La rapidez, sin embargo, con la que se ha saldado el enfrentamiento tras la escalada de los últimos días, sí que ha pillado a los turcos por sorpresa. Después del gabinete de crisis de ayer en el palacio presidencial en el que el premier trató de salvar lo insalvable, esta mañana confirmaba en rueda de prensa que abandonaba el cargo.

“No ha sido mi elección,” ha recalcado Davutoğlu, quien sin embargo afirmó decidido que “por el bien de la unidad, un cambio de presidente [del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP)] sería lo más apropiado”. Es por ello que el premier presentará su dimisión tras una convención extraordinaria en la que la formación elegirá a un nuevo líder –que se convertirá también en jefe del gabinete- el próximo 22 de mayo. Él, huelga decirlo, no se volverá a presentar.

Con su habitual estilo conciliador, Davutoğlu aseguró en cualquier caso que no siente rencor y que sigue apoyando al presidente, con quien mantiene “una relación fraternal”. Afirmó no tener ni una palabra de crítica para con un partido del que representa la facción más moderada –y del que Erdoğan, desde que ocupó el cargo de presidente, oficialmente no forma parte-. “Nunca he interferido en ninguna decisión de nuestro partido. Nunca he interferido en ninguna decisión en base a mi perspectiva personal,” acentuó, por el contrario, Davutoğlu, defendiéndose de ciertas acusaciones recientes.

Según la prensa turca, entre los candidatos para reemplazar al premier se cuentan entre otros el ministro de transportes Binali Yildirim y el titular de energía, Berat Albayrak –yerno de Erdoğan-. Lo que tienen claro los analistas es que, sea quien sea el sustituto, este giro de los acontecimientos vendrá a otorgar más poder al presidente. Y es que, al forzar la salida de quien había actuado con más autonomía de la prevista para su papel de “hombre de paja”, Erdoğan tendrá vía libre para avanzar en el proceso hacia el sistema presidencialista. Esta reforma constituía, de hecho, uno de los puntos de fricción con el primer ministro. En el momento de su nombramiento, en agosto de 2014, lo que se esperaba de él era que se limitara a permanecer en segundo plano, pero el antiguo catedrático de Relaciones Internacionales trató discretamente de dejar su propia impronta, más moderada, en una variedad de cuestiones.

Llevando a la práctica las tesis de sus trabajos académicos, la aproximación de Davutoğlu al proceso de paz con la guerrilla kurda –e incluso con respecto a la guerra en la vecina Siria- ha partido de un enfoque más negociador y diplomático que el del temperamental Erdoğan. El primer ministro también difería de la postura del presidente en la cuestión del encarcelamiento preventivo de una serie de académicos y disidentes que habían firmado un manifiesto denunciando la violencia estatal contra los civiles kurdos.

En general, Davutoğlu también demostró tener mejor mano en las relaciones con la comunidad internacional –que a lo largo del último año ha envuelto a Erdoğan en un clima cada vez más gélido-. La negociación del acuerdo UE-Turquía para la deportación de los refugiados y la subsiguiente eliminación del visado para los turcos en Europa constituyen uno de los éxitos diplomáticos de Davutoğlu. Si las relaciones públicas de Turquía con Europa en los últimos meses se han caracterizado por el salto constante de chispas por temas como el de la libertad de expresión, Davutoğlu trató de evitar la confrontación y transmitir una postura más pragmática y de entendimiento.

Estas fricciones han ido potenciando poco a poco el aislamiento de Davutoğlu, en tanto que el núcleo duro del AKP cerraba filas en torno al presidente de la república. La puntilla llegó, probablemente, el mes pasado, cuando el Comité Central del AKP aprovechó que el líder se encontraba de visita en el extranjero para despojarle del poder de elegir a los delegados provinciales de la formación.

Para otros, el momento de no retorno en el que se confirmó la “caída en desgracia” del primer ministro se produjo el pasado domingo, cuando un conocido blog anónimo publicó un agresivo ataque contra Davutoğlu. Los autores –supuestamente, gente del entorno de Erdoğan-, le acusaban de no haber defendido con la suficiente fe el sistema presidencial, aparte de ser un vendido a Occidente y un “traidor” –no un simple traidor a la República, sino un traidor al presidente-. Según han comentado muchos críticos del AKP, este tipo de acusaciones eran previsibles. De hecho, anteriores caídas en desgracia de otros aliados cercanos de Erdoğan se produjeron de acuerdo con un patrón similar –véase el caso del cofundador del AKP y expresidente Abdullah Gül y del clérigo Fethullah Gülen.

La inestabilidad política que puede resultar de esta nueva crisis de gobierno ha avivado incluso el temor ante unas nuevas elecciones anticipadas. No obstante, el asesor presidencial Cemil Ertem lo desmintió esta mañana, comentando que el país y su economía volverían a alcanzar un mayor equilibrio “cuando asuma el cargo un primer ministro más alineado con el presidente Erdoğan”.

Pero en base a la estrategia pasada de Erdoğan, no se puede descartar que ocurra lo contrario. Tras las elecciones de junio del año pasado, que supusieron la pérdida de la mayoría absoluta del AKP, el presidente –cuyo papel en teoría requiere de la neutralidad- obstaculizó la formación (por otro lado muy complicada) de un gobierno de coalición y jugó la carta de la confrontación. Ante la espiral de violencia en el sudeste del país, el impacto del cercano conflicto sirio y la multiplicación de los ataques terroristas en suelo turco, muchos ciudadanos consideraron imprescindible un gobierno fuerte y regresaron al AKP. A pesar de lo arriesgado de la estrategia, la jugada de Erdoğan no salió mal, y en los comicios de noviembre el AKP salió reforzado.

El precio a pagar con un aumento de la inestabilidad política, sin embargo, es alto; si el nuevo gobierno –que será aún más servicial con el presidente, según se presume- no le pone freno, las consecuencias no sólo serán nefastas para la economía (la lira ha caído en picado al conocerse la marcha de Davutoğlu), sino que podrían conducir a un incremento de la violencia política que azota el país.

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