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La lucha entre Sanders y Clinton acerca de Israel y Palestina en el debate de EEUU

Clinton sigue a la cabeza en número de delegados, pero la campaña de Sanders ha cogido últimamente impulso, ganando siete de las últimas ocho carreras

Casi dos años después del asalto de Israel a la Franja de Gaza, la guerra dividía enérgicamente al candidato Bernie Sanders y a la principal candidata Hillary Clinton durante el polémico debate presidencial de los demócratas el pasado jueves por la noche. Cuando fue preguntado si los ataques de Israel, que asesinaron a casi 1.500 civiles e hirieron a más de 10.000 fueron desproporcionados, Sanders lo afirmó rotundamente.

Cuando a Clinton se le dirigió la misma pregunta, respondió: “No sé cómo se gobierna un país que se encuentra en amenaza constante”, refiriéndose a Israel.

“Has eludido la respuesta”, le respondió Sanders, que es judío y trabajó en un kibbutz, una granja colectiva tradicional israelí.

“Si alguna vez vamos a llevar la paz a esa región a largo plazo, que ha visto tanto odio y tanta guerra, vamos a tener que tratar a la población palestina con dignidad y respeto”, agregó entre aplausos.

El intercambio se produjo en medio de un encendido debate de dos horas en Nueva York a cinco días de que el Estado fuese a las urnas en un punto crítico de las primarias.

Los candidatos han dejado al descubierto sus diferencias en una amplia variedad de temas que van desde la reforma de Wall Street a la política del salario mínimo y las energías limpias, a menudo desencadenantes de rondas de aplausos y cánticos de sus partidarios.

El debate llegó a encenderse tanto que fue necesaria la intervención del moderador de la CNN Wolf Blitzer para recordar a los candidatos que “si se gritaban entre ellos, los espectadores no podrían oír a ninguno de los dos”.

En un momento particularmente amargo, Sanders señaló el uso que hizo Clinton del término “superdepredador” cuando era primera dama, “sabiendo todo el mundo que se trataba de un término racista”.

Tambiés discrepó del apoyo a la invasión de Iraq, y el apoyo que otorgó, siendo secretaria de Estado, a las operaciones realizadas para derrocar al dictador libio Muammar Gaddafi.

Clinton, por su parte, trató de atacar a Sanders con su idea acerca del registro de control de armas, que calificó como laxo.

“No es un asunto de risa”, respondió después de que Sanders se riese de sus acusaciones, “me tomo muy en serio este tema porque he pasado más tiempo del que puedo recordar con personas que han perdido a sus seres queridos”.

Clinton sigue a la cabeza en número de delegados, pero la campaña de Sanders ha cogido últimamente impulso, ganando siete de las últimas ocho carreras.

Cerca de 300 delegados están en juego el próximo martes en Nueva York y ambos candidatos han dedicado mucho tiempo y energías para ganar el Estado.

Una victoria podría ayudar a reducir a Sanders la diferencia en unos 220 delegados.

Clinton posee 1307 delegados frente a los 1087 de Sanders.

Se necesita un total de 2383 delegados para asegurar la candidatura demócrata.

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