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La lógica del asesinato en Israel: una cultura de la impunidad a la vista de todo el mundo

“Al final, en el estado de Israel, tal y como yo lo veo, habrá una valla que lo divida todo,” dijo Netanyahu en febrero. “En la zona en la que vivimos, debemos defendernos de las bestias salvajes,” añadió.
Enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad israelíes y palestinos que protestaban contra el bombardeo de Gaza en Cisjordania.
Enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad israelíes y palestinos que protestaban contra el bombardeo de Gaza en Cisjordania.

“Que haya cometido o no un error es un asunto trivial,” dice un judío israelí en las protestas que se extendieron por todo Israel en defensa de un soldado que, tranquilamente y con precisión, mató a un palestino herido en Al-Khalil (Hebrón). El manifestante judío describe a los palestinos como “bárbaros”, “bestiales”, y afirma que no deberían ser considerados personas.

Este punto de vista no es algo marginal en Israel. La amplia mayoría de los israelíes, el 68%, está de acuerdo con el asesinato de Abdel Fatah Yusri al-Sharif, de 21 años, a manos del soldado, que, según testigos, antes de disparar al herido anunció que “el terrorista tiene que morir”.

La escena del asesinato habría quedado relegada a los anales de los muchos asesinatos “en disputa” a manos de los soldados israelíes, de no ser por un palestino que se encontraba haciendo trabajo de campo con un grupo de derechos humanos israelí´, B’Tselem, que filmó el sangriento acontecimiento.

El incidente subraya, una vez más, la cultura de la impunidad existente en el ejército israelí, que no constituye una novedad.

No solamente la sociedad israelí apoya al soldado que está detrás de este incidente particularmente sangriento, prácticamente la inmensa mayoría está a favor de las ejecuciones sobre la marcha.

De hecho, la cultura de la impunidad en Israel está vinculada tanto a las tendencias políticas como a las creencias religiosas. Según el último Índice de la Paz publicado por el Instituto de la Democracia de la universidad israelí de Tel Aviv, casi el 67% de la población judía del país cree que “es una obligación matar a un terrorista que te ataca con un cuchillo”.

Matar palestinos como forma de mandamiento religioso es algo que data de los inicios del estado judío, y estas creencias se ven continuamente corroboradas por las instituciones espirituales del país, tal y como ocurrió con el reciente decreto emitido por el rabino sefardí con más autoridad del país, Yitzhak Yosef. Un 94% de los ultra-ortodoxos suscriben al edicto asesino de Yosef, pero el 52% de la población secular lo hace también.

De hecho, deshumanizar a los palestinos, describiéndolos como “bestias”, “cucarachas”, o tratándolos como subordinados desechables, constituye históricamente un denominador común de la sociedad israelí, y une a los israelíes de diversos contextos políticos, ideológicos o religiosos.

El decreto del rabino Yosef, por ejemplo, no es muy diferente de las declaraciones del ministro de defensa Moshe Ya’alon,  y de otros cargos del gobierno y del ejército, que realizó un llamamiento similar, aunque sin utilizar el discurso religioso.

Empleando la misma lógica, la cita mencionada en la que los palestinos son descritos como bestias no diverge de una declaración reciente del primer ministro israelí Benyamín Netanyahu: “Al final, en el estado de Israel, tal y como yo lo veo, habrá una valla que lo divida todo,” dijo Netanyahu en febrero. “En la zona en la que vivimos, debemos defendernos de las bestias salvajes,” añadió.

En tanto que los comentaristas pro-israelíes se esfuerzan por explicar la extendida visión que tienen los israelíes de los palestinos –y de los árabes en general- a través de motivos racionales, pero la lógica y el sentido común continúan esquivándoles. Por ejemplo, la última guerra de Netanyahu contra Gaza en verano de 2014 mató a un total de 2.251 palestinos –de ellos, 1.462 eran civiles, de los cuales 551 niños-, según un informe preparado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Durante la guerra murieron tan solo seis civiles israelíes, y 60 soldados.

¿Quién es, entonces, la “bestia salvaje”?

Los palestinos no se convierten en bestias con motivo de sus intenciones supuestamente asesinas, ya que ni una sola vez, estadísticamente, en la historia del conflicto palestino-israelí han matado los palestinos a más israelíes  que al contrario. La cuestión no está en el número, sino en una percepción cultural común de los israelíes que es racista y deshumanizadora.

Tampoco está esta percepción de los palestinos vinculada a un periodo específico, como una revuelta popular una guerra. Consideremos el relato de un testigo ocular, de agosto de 2012, citado en el periódico israelí Haaretz, años antes del actual levantamiento de Cisjordania y Jerusalén.

“Hoy he visto con mis propios ojos un linchamiento en la Plaza de Sión, en el centro de la ciudad de Jerusalén… Se escuchaban fuertes gritos de ‘Los judíos tienen alma y los árabes son unos hijos de –‘, y docenas de jóvenes se acercaron corriendo y empezaron a golpear a muerte a tres jóvenes árabes que estaban caminando tranquilamente por la calle Ben Yehuda,” escribió el testigo.

“Cuando uno de los jóvenes palestinos cayó al suelo, los atacantes siguieron golpeándole en la cabeza. Cayó inconsciente, se le pusieron los ojos en blanco y empezó a sufrir convulsiones. Los que le estaban pegando patadas huyeron mientras que el resto se congregó en un círculo, mientras que algunos aún gritaban con los ojos llenos de odio”.

Imaginad que este gráfico relato se repite, en distintas manifestaciones, cada día en la Palestina ocupada: rara vez paga alguien algún tipo de precio por ello. En efecto, esto es cómo ha evolucionado en Israel la cultura de la impunidad.

Según el grupo de derechos humanos israelí Yesh Din, “aproximadamente el 94% de las investigaciones criminales emprendidas por el IDF contra soldados israelíes sospechosos de una actividad criminal violenta contra los palestinos o sus propiedades son cerradas sin que se formule ninguna acusación. En el raro caso de que esto suceda, las condenas son muy ligeras”.

Y nadie es inmune. La revista israelí 972Mag escribió en diciembre de 2015 sobre los cientos de incidentes violentos en los que las fuerzas israelíes atacan personal médico palestino. El grupo de derechos humano palestino Al-Haq documentó 56 casos en los que “fueron atacadas ambulancias” y 116 ataques contra personal que estaba de servicio.

¿Y qué hay de la violencia por parte de los colonos ilegales, cuya población en los territorios ocupados no deja de aumentar?

Colonos armados campan a diario por los pueblos de la Cisjordania ocupada y los barrios de Jerusalén Este. El número de sus crímenes violentos ha crecido tremendamente en los últimos años, duplicándose desde 2009.

En agosto de 2015, meses antes de la revuelta actual, el investigador de Human RightsWatch Bill Van Esveld escribió:

“Los colonos atacan a los palestinos y a sus propiedades prácticamente a diario –el año pasado hubo más de 300 de estos ataques, pero pocos atacantes fueron llevados ante la justicia-. En la última década, menos del 2% de las investigaciones de los ataques de los colonos acabó en condena”.

En el caso de que alguien pueda aún verse engañado por el argumento “racional” empleado para justificar el asesinato de los palestinos ocupados, oprimidos y asediados, Batzalel Smotrich, del partido Hogar Judío, parte de la coalición de gobierno de Netanyahu, se quejó en twitter de que su mujer tenía que dar a luz en la misma habitación de hospital en la que estaban naciendo bebés árabes.

Su “argumento”, tras declarar que su mujer “no es una racista”: “Es natural que mi esposa no quiera estar al lado de alguien cuyo bebé más tarde puede que quiera asesinar a mi hijo”.

La gente del estilo de Smotrich y la mayoría de los israelíes están moralmente ciegos ante sus propios actos. Se les ha vendido la idea de que Israel, a pesar de su brutalidad, es “una mansión en medio de la selva”. Según una reciente encuesta Pew, casi la mitad de los israelíes quiere expulsar a los árabes palestinos, a los musulmanes y a los cristianos, de su patria ancestral.

El peligro de la impunidad no es sólo la falta de responsabilidad legal, sino el hecho de que constituye el cimiento de crímenes aún más violentos contra la humanidad, incluido el genocidio.
La impunidad comenzó hace décadas y no tendrá fin sin una intervención internacional, sin un esfuerzo concertado para hacer a Israel responsable y poner fin a la agonía de los palestinos.

El Dr.Ramzy Baroud lleva más de 20 años escribiendo sobre Oriente Medio. Es un columnista internacional, consultor de medios y autor de varios libros, así como el fundador de PalestineChronicle.com. Entre sus títulos publicados están “En Busca de Yenín”, “La Segunda Intifada Palestina” y “Mi Padre fue un Luchador de la Libertad: la Historia Jamás Contada de Gaza”. Su web es www.ramzybaroud.net.

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