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Cómo el cambio climático amenaza a la cuna de la civilización

Reconocer la importancia y el desarrollo de las civilizaciones de Oriente Medio de los últimos milenios es una cosa, mientras que evaluar cómo se desenvolverá la región durante los próximos siglos es otra. Cercada por innumerables retos contemporáneos –como la ocupación, la guerra y el neofascismo-, su futuro inmediato va a ser, evidentemente, turbulento. Sin embargo, es la amenaza más grave, la de un clima global rápidamente cambiante, la que con mayor frecuencia se pasa por alto.
El Museo Slemani, en el Kurdistán iraquí.
El Museo Slemani, en el Kurdistán iraquí.

El año pasado, los arqueólogos del Museo Slemani del Kurdistán Iraquí anunciaron un descubrimiento sorprendente. Habían encontrado fragmentos de una tableta que contenían 20 nuevas líneas de texto de la Epopeya de Gilgamesh, la obra literaria conocida más antigua de la humanidad. Datada en torno al 2.100 a.C., procede de una de las primeras civilizaciones de la historia, la tercera dinastía de Ur, en la antigua Sumeria.

Este descubrimiento sirve como recordatorio, en el momento adecuado, de lo preciosa que es la herencia arqueológica e histórica de Oriente Medio, y de cómo las guerras y desórdenes de la región –en particular Daesh, que parece disfrutar con la destrucción de artefactos pre-islámicos- constituyen una amenaza al patrimonio cultural de la humanidad.

Más allá de eso, sin embargo, lo que alimentó mi sensación de asombro ante la noticia fue la tremenda antigüedad, lo intrincado y atemporalmente bello de la epopeya. Resulta abrumador pensar que, cuando este poema estaba siendo escrito, Europa no había entrado todavía en la Edad de Bronce.

(De hecho, aunque el eslogan de MEMO sea ‘creando nuevas perspectivas’ –lo que implica un desafío a los puntos de vista neo-coloniales y eurocéntricos-, merece la pena recordar que el creciente fértil de Oriente Medio albergó algunas de las civilizaciones más antiguas del mundo, y cuenta con una historia valiosa por derecho propio).

Sin embargo, reconocer la importancia y el desarrollo de las civilizaciones de Oriente Medio de los últimos milenios es una cosa, mientras que evaluar cómo se desenvolverá la región durante los próximos siglos es otra. Cercada por innumerables retos contemporáneos –como la ocupación, la guerra y el neofascismo-, su futuro inmediato va a ser, evidentemente, turbulento. Sin embargo, es la amenaza más grave, la de un clima global rápidamente cambiante, la que con mayor frecuencia se pasa por alto.

 

Una nueva época

El término de antropoceno se refiere a una propuesta para denominar una determinada demarcación en la escala geológica de la tierra. Generalmente se relaciona con los cambios masivos que está experimentando el medio ambiente terrestre como resultado de la actividad humana. En otras palabras, el concepto de antropoceno constituye un atajo para explicar cómo el impacto de la humanidad, y del comportamiento humano en la época industrial, es tan relevante que puede ser comparado con la extinción de los dinosaurios.

Claramente éste es un asunto de relevancia global,  que afecta a todo el mundo. Pero, a pesar de ello, según avance –y ya ha comenzado- el cambio climático no afectará a todo el mundo de la misma manera. En efecto, habrá grandes diferencias en el impacto del cambio climático dependiendo de la geografía y de otros factores relevantes. Tal y como ha sido comprendido ya a nivel popular, las islas que se encuentran a escasa altura sobre el nivel del mar y los países que cuentan con grandes centros de población cerca de las costas corren un riesgo mayor a corto plazo.

En Oriente Medio, y particularmente en el Norte de África, las inundaciones constituyen un problema potencial, de acuerdo con el Banco Mundial.

“En las zonas urbanas del Norte de África, un incremento de la temperatura de 1 a 3 grados podría exponer de 6 a 25 millones de personas a las inundaciones costeras. Además, las olas de calor, un incremento del “efecto de la isla de calor”, la escasez de agua, una peor calidad del agua, un empeoramiento de la calidad del aire y la formación de ozono en capas bajas pueden afectar la salud pública y más en general poner en peligro las condiciones de vida”.

Si tomamos como ejemplo la ciudad egipcia de Alejandría:

“Una subida de 0.5 metros situaría al 67% de la población, al 65.9% del sector industrial y al 75.9% del sector servicios por debajo del nivel del mar. El 30% de la superficie de la ciudad quedaría destruida, un millón y medio de personas tendrían que ser evacuadas y se perderían más de 195.000 empleos”.

Para el Levante y la Península Arábiga, la mayor amenaza sería probablemente producto del calor. En efecto, unas olas de calor extremas podrían volver inhabitable amplias partes de la región, mientras que se aceleraría el fenómeno de la desertificación –una de las causas que han facilitado la guerra civil siria-.

Todo esto hace que se vuelva más probable un desplazamiento masivo de gente. El desplazamiento de la gente huyendo de las regiones más mortíferas dejaría en nada la actual crisis de los refugiados. En semejante clima la vida será mucho más difícil para todo el mundo, incluso para aquellos que viven con relativa facilidad en los países de acogida. Poca duda cabe de que una presión continua de este tipo tendrá un efecto transformador incluso en las democracias más robustas.

 

Los muros de Uruk

En el poema, Gilgamesh era un semidiós y rey tirano de Uruk, una gran ciudad en el sur de la antigua Mesopotamia, cerca de la actual Samawah. Los dioses le castigaron por su crueldad enviando a una bestia salvaje llamada Enkidu. Después de luchar, ambos se hicieron buenos amigos y se emprendieron juntos un largo viaje para encontrar y matar al horrible Humbaba, guardián del bosque de cedros de los dioses. Sin embargo, a pesar de tener éxito a la hora de matar a Humbaba y de volver a casa, llega la tragedia con la muerte de Enkidu, asesinado por una diosa rencorosa.

Destrozado por la muerte de su compañero, Gilgamesh emprende otro viaje. Intenta por todos los medios encontrar una posibilidad de hacerse inmortal, pero nunca lo consigue. En lugar de eso, ante la aplastante realidad de que no puede escapar de su propia mortalidad, vuelve a casa desesperado. Sin embargo, en el momento en que divisa los muros de la ciudad de Uruk Gilgamesh tiene una epifanía. Comprende que mientras que su ciudad sobreviva tiene asegurada cierta forma de inmortalidad.

Esta comprensión súbita es a la vez profunda e inesperada. Representa cuánto se ha transformado Gilgamesh durante la historia; de ser un saqueador consumista –un villano que maltrata a su ciudad en favor de sus propias necesidades egoístas- se convierte en un líder noble y visionario. Al final, los ojos del rey están abiertos. Ve que no puede escapar de su propio destino, pero también que hay virtud en conservar lo que puede durar más que su propia vida.

El cambio climático ya está aquí. Ya está volviendo mucho más peligroso el mundo en el que vivimos. En particular, es uno de los factores que impulsan la intensificación de las crisis en Oriente Medio. Y va a empeorar si no tomamos medidas drásticas.

Aún hay tiempo para mitigar algunas de las consecuencias potenciales más catastróficas… pero debemos actuar con rapidez.

El Dr. Philip Leech es miembro del Centro de Gobernanza de la Universidad de Ottawa. Es coeditor (junto con Shabnam Holliday) de Identidades Políticas y Revueltas Populares en Oriente medio (Rowman y Littlefield International, 2016) y autor de El Estado de Palestina: un Análisis Crítico (Routledge, en agosto de 2016). Su perfil se puede consultar online en Academia.edu. También está en twitter como @phil_haqeeqa.

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