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El acuerdo de la vergüenza de la UE con Turquía está haciendo más vulnerables a los vulnerables

Este acuerdo sólo incrementará los precios que cobran los traficantes por embarcar a gente desesperada. También producirá cambios en los patrones migratorios, y quizá conduzca a rutas aún más mortíferas.
Foto de archivo que muestra a refugiados intentado ellegar a Europa en espera de una vida mejor

La situación en Idomeni, Grecia, empeora por momentos mientras aumenta la desesperación ante las inhumanas políticas fronterizas europeas. Las personas allí atrapadas se pelean entre ellas y contra la policía. Algunos refugiados defienden a la policía para evitar una escalada violenta. Varadas desde hace más de un mes, unas 14.000 personas se encuentran atascadas en un limbo. La estrategia del gobierno griego es hacer que las condiciones se vuelvan tan insoportables que finalmente la gente acepte ir a uno de los cuatro nuevos campos algo más alejados de la frontera.

Las cosas se están poniendo más difíciles para los refugiados ahora que las organizaciones no gubernamentales internacionales (ONGIs) y las organizaciones intergubernamentales se están retirando de los campos de deportación –comúnmente denominados ‘hotspots’-, en su deseo de no formar parte del reciente trato entre la UE y Turquía que compromete los derechos humanos.

En Lesbos existe discriminación, en tanto que es la policía la que está a cargo de todo el proceso en ausencia de las ONGs. Yo misma fui detenida ayer por abrazar en el puerto a mis amigos baluchíes, después de que les hubieran concedido permisos de viaje para solicitar asilo en Atenas. Están huyendo del genocidio, y sus casos son los más convincentes que yo, como voluntaria para casos vulnerables, he podido ver aquí. “Espérate aquí,” me dijo el policía. Aparte de los insoportables comentarios racistas sobre el “trabajo sucio” para el que le habían enviado a Lesbos, intimidaba, no me dijo de qué se me acusaba y me obligó a comparecer en la oficina a la mañana siguiente, añadiendo que si no lo hacía ellos me encontrarían.

El nivel de entrenamiento que reciben estos policías antes de tratar con los refugiados es muy preocupante. Estas personas vulnerables están teniendo que lidiar exclusivamente con una policía que no ha recibido una formación adecuada y que es incapaz de hablar los idiomas necesarios para proporcionar información a los refugiados. Además existe una alarmante reticencia a proporcionar esta información. Los voluntarios de Lesbos están creando una base de datos que recogerá incidentes y violaciones de derechos humanos, así como infracciones a la legalidad internacional. Nuevos incidentes son registrados cada hora. En los campos, los refugiados sólo reciben dos comidas al día. Comidas que carecen de nutrientes y sabor, como la comida de las cárceles. Las distribuye el gobierno, que ahora está a cargo del hospedaje, la alimentación, la higiene, la deportación y los servicios de “asilo”.

En uno de los ‘hotspots’, Moria, hay una severa falta de personal, y sólo quedan unos pocos trabajadores de ONGs. Las instalaciones son una antigua prisión convertida en un lugar de acampada en el que los refugiados eran libres de registrarse hasta el acuerdo con Turquía el 20 de Marzo de este año, cuando se convirtió en un centro cerrado. Desde entonces se ha convertido en una prisión hacinada en la que la gente se pelea por la comida y hay vendedores que se la ofrecen a los hambrientos a través de las vallas. Esto está ocurriendo en Europa, y nunca ocurriría en países como Jordania, en los que los campos albergan hasta 60.000 personas.

Los paquistaníes y los afganos son discriminados tanto por sus compañeros como por los procedimientos de asilo. Son los últimos en la cola para obtener asilo, a pesar de que llevan aquí más de un mes. Los paquistaníes de Moria han declarado una huelga de hambre, exigiendo acceso inmediato a los procedimientos de asilo. Muchos se han negado a registrarse y viven en las zonas más alejadas, lo que les hace vulnerables a los abusos. Se han producido varios incidentes de abusos sexuales, con respecto a los que, cuando se informó de ellos, no se hizo nada.

El reciente acuerdo entre la UE y Turquía está exacerbando la vulnerabilidad de estas personas. En el marco del trato, los migrantes y refugiados que llegan a Grecia desde Turquía se enfrentan a ser retornados después de haberse registrado y una vez que hayan sido procesadas sus solicitudes de asilo individuales. Por cada sirio retornado de Grecia a Turquía, uno podrá viajar en dirección contraria para ser reasentado directamente en Europa. Este acuerdo es inhumano y condiciona el reasentamiento de un refugiado a que otro arriesgue su vida en el peligroso viaje a Grecia.

Este acuerdo sólo incrementará los precios que cobran los traficantes por embarcar a gente desesperada. También producirá cambios en los patrones migratorios, y quizá conduzca a rutas aún más mortíferas. The Guardian publicó el viernes un reportaje que informaba de que los traficantes en Turquía han comenzado a publicitar de nuevo los viajes de Turquía a Italia, lo que apunta a una modificación de los patrones migratorios como resultado del acuerdo. Según el artículo, los traficantes ofrecían plazas a bordo con un coste de 4.000 dólares por persona (unos 3.500 euros), cuatro veces el precio de un viaje de Turquía a Grecia.

Además Turquía no es un lugar seguro al que volver. Las condiciones para los refugiados en Turquía no son adecuadas. Dos de tres millones de refugiados viven fuera de los campos, lo que quiere decir que su acceso a los servicios es extremadamente limitado. El país ha sido acusado de expulsiones ilegales de personas que tenían el derecho a ser reconocidas como refugiadas y de maltrato. No ha firmado todas las cláusulas de la Convención de 1951 sobre el Estatus del Refugiado. La ratificación de Turquía permanece circunscrita a una limitación geográfica, lo que quiere decir que sólo quienes huyen como consecuencia de “eventos que ocurren en Europa” pueden recibir el estatus de refugiado.

El acuerdo pone en compromiso los derechos de los solicitantes de asilo a un proceso de asilo justo y a tiempo. Los procesos sumarios por nacionalidad ponen en peligro las posibilidades de quienes se enfrentan a discriminación como resultado de cuestiones como su orientación sexual o legislaciones injustas en su país de origen. Este trato es claramente un acuerdo-negocio, que producirá un gran sufrimiento al 60% de no sirios de las 50.000 personas que hay ahora mismo en Grecia.

La furia está aumentando dentro de los centros de detención griegos y en la frontera, creando un entorno poco seguro para los más vulnerables, pues el acuerdo no soluciona las cuestiones clave. Al contrario, crea una situación aún más precaria en la que los demandantes de asilo se enfrentan al riesgo de que sus solicitudes caigan por las grietas del sistema por culpa de la burocracia y del personal sin formación ni experiencia. Esto es una catástrofe europea y humanitaria.

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