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El federalismo es una caja de Pandora; si Siria sucumbe, otros la seguirán

La región árabe fue dividida en 1916 para resolver los conflictos pendientes entre Gran Bretaña, Francia y, en menor medida, Rusia. La “federación” que se plantea para Siria sigue esta misma lógica.

La aparentemente súbita retirada del ejército ruso de Siria, a partir del 15 de Marzo, dejó perplejos a los comentaristas políticos, pero únicamente algunos de los análisis publicados deberían ser tomados en serio. Existe poca información sólida acerca de los motivos por los que el líder ruso decidió poner fin a la acción militar de su país en Siria. La intervención, que comenzó el pasado septiembre, fue suficiente para modificar la dirección de la guerra en muchos de sus frentes.

Una cosa, sin embargo, es segura: la retirada de Rusia es reversible, tal y como indicó el propio Vladimir Putin: “De ser necesario, literalmente en unas pocas horas, Rusia puede multiplicar su contingente en la región hasta alcanzar un tamaño proporcional a la situación en la que se esté y emplear todo el arsenal de recursos que están a nuestra disposición,” dijo en el Kremlin el pasado 17 de marzo. De hecho, todas las partes implicadas están tomando en serio esta amenaza, ya que la abrupta retirada no ha renovado el apetito guerrero ni representa una oportunidad de que ninguno de los principales bandos en el conflicto abandone las conversaciones de paz de Ginebra.

Se puede afirmar con certeza que, tras cinco años de guerra en Siria, el conflicto está entrando en una nueva fase. No se trata de una solución política, sino de un gran juego político que podría dividir al país en varias entidades, a lo largo de líneas sectarias.

De ocurrir, se tratará de un mal augurio no sólo para Siria, sino para toda la región. La división se convertiría en la solución de moda para todos los conflictos actuales.

Aunque los motivos de Rusia para la retirada están aún por aclarar, el vínculo intrínseco entre la jugada y las actuales conversaciones, en cuya agenda aparece la división de Siria en una federación, es inconfundible. “El mediador de la ONU, Steffan de Mistura, debería de avergonzarse de haber colocado el «federalismo»  en la agenda de las conversaciones de esta semana para poner fin a la guerra de Siria y diseñar una «nueva» Siria,” escribía Michael Jensen en el Jordan Times. “Habría que criticar duramente a Moscú, junto a algunas potencias occidentales, por pensar en semejante posibilidad”.

De hecho, el modelo no es enteramente ruso. Este país logró inclinar la balanza del conflicto a favor del gobierno de Bashar Al-Assad, pero son también otras partes, occidentales y árabes, a las que hay que sumar a Turquía e Irán, las que han conseguido sumir el conflicto en un círculo vicioso. Sin que medie buena voluntad, y con poca confianza entre las partes en conflicto, la división del país ha pasado de ser una posibilidad inverosímil a algo genuinamente probable.

En este sentido, no constituye una sorpresa que, mientras se estaba produciendo aún la retirada rusa y poco después de la reanudación de las conversaciones en Ginebra, la zona de Siria bajo control kurdo se autodeclarase como región federal en el norte. Por supuesto, este movimiento es inconstitucional, pero el violento alboroto en Siria ofrece una oportunidad perfecta para que diversos grupos se tomen la justicia por su mano. A fin de cuentas, el extremadamente violento Daesh se ha construido un estado y ha diseñado una economía, creando ministerios y escribiendo incluso nuevos libros de texto.

No obstante, la jugada del PYD sirio-kurdo es, de hecho, más consecuente. Daesh es una agrupación paria no reconocida por ninguna de las otras partes implicadas en el conflicto. El PYD –una rama del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK)- , por el otro lado, cuenta con la simpatía y el apoyo tanto de EE.UU. como de Rusia. Este grupo ha obtenido crédito por su intrépida lucha contra Daesh, y espera un dividendo político por ese papel. Sin embargo, no fue invitado a las conversaciones de Ginebra.

Aunque la declaración federal ha sido considerada como una forma de venganza por haber sido excluidos de las conversaciones, es poco probable que el PYD tomara la decisión sin contar con el apoyo encubierto de sus principales benefactores, que han estado jugando con la idea de la federación desde hace meses. Por ejemplo, la idea ha sido articulada por Michael O`Hanlon, del Instituto Brookings, en una pieza para Reuters del pasado Octubre. En ella, llamaba a EE.UU. a encontrar un “propósito común con Rusia”, teniendo en mente el “modelo de Bosnia”.

Más recientemente, durante una declaración ante el comité para discutir el alto el fuego en Siria en el Senado estadounidense, el secretario de estado John Kerry reveló que su país está preparando un “Plan B” en caso de que fracase el alto el fuego. Puede que sea “demasiado tarde para mantener a Siria completa si esperamos mucho tiempo más,” dijo.

La participación rusa en la guerra ha alterado el panorama del conflicto sobre el terreno, pero también ha afianzado el modelo de la división. Las recientes declaraciones del viceministro de Exteriores ruso Sergei Ryabkov de que un modelo federal en Siria “servirá a la tarea de preservar[la] como una nación unida, secular, independiente y soberana” constituyen la versión rusa de las observaciones de Kerry.

Teniendo en cuenta el actual equilibrio de poder en la propia Siria y en la región en su conjunto, es posible que finalmente se convierta en la única solución factible para un país desgarrado por la guerra y desgastado por las innumerables muertes.

Qatar y otros países del Golfo, sin embargo, han rechazado ya la idea del federalismo, aunque teniendo en cuenta las últimas conquistas territoriales del gobierno sirio es posible que este rechazo no constituya un factor esencial. Para Turquía el federalismo también es problemático, puesto que reforzaría a sus archienemigos kurdos que, de acuerdo con el modelo, obtendrían su propia región autónoma. El anuncio por parte del PYD fue un globo sonda en el mejor de los casos, o un primer paso hacia la partición del conjunto de Siria.

Teniendo en consideración lo cruenta que ha sido la guerra siria en estos últimos años, para muchos el federalismo no asumirá el carácter de una posibilidad horrorosa, pero lo es. Los países árabes, a nivel histórico, son el resultado de interferencias occidentales y extranjeras que dividieron la región de acuerdo con intereses estratégicos y de conveniencia. La mentalidad del “divide y vencerás” nunca ha sido derrotada; de hecho ha sido reforzada con la ocupación americana de Irak.

“En el contexto de esta región, “federalismo” es otro nombre para división y partición,” detalló Jensen. “Es una palabra maldita y un concepto maldito para los países en esta región en la que las comunidades sectarias y étnicas han sido introducidas durante siglos en el organismo de los estados, como pasas en un pastel de Navidad”.

La región árabe fue dividida en 1916 para resolver los conflictos pendientes entre Gran Bretaña, Francia y, en menor medida, Rusia. La “federación” que se plantea para Siria sigue esta misma lógica.

Si se abre esta particular Caja de Pandora, es posible que vuelva a encontrarse en la agenda de conversaciones de paz futuras en otros lugares, y puede que libios y yemeníes se hallen enfrentándose a la misma posibilidad. Ambos países ya estuvieron divididos en cierta ocasión en el pasado, así que no se trata de una noción totalmente inverosímil.

Es importante que dividir a los árabes no se convierta en el modus operandi para gestionar los conflictos, la región y sus recursos. El federalismo no solamente socava la identidad de la nación siria, sino que también siembra la semilla de más conflictos entre los grupos sectarios enfrentados en Siria y en todo Oriente Medio en su conjunto.

Sólo una Siria unida puede ofrecer esperanza para el futuro. Ninguna otra opción puede hacerlo.

El Dr. Ramzy Barou describe sobre Oriente Medio desde hace más de 20 años. Es columnista de reconocimiento internacional, consultor de medios y autor de varios libros, así como el fundador de PalestineChronicle.com. Entre sus libros se cuentan “En busca de Yenín”, “La segunda Intifada palestina” y, más recientemente, “Mi padre fue un luchador por la libertad: la historia jamás contada de Gaza”. Su página web es www.ramzybaroud.net.

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Ramzy Baroud

Ramzy Baroud es periodista, autor y editor de Palestine Chronicle. Es autor de varios libros sobre la lucha palestina, entre ellos "La última tierra": Una historia palestina' (Pluto Press, Londres). Baroud tiene un doctorado en Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter y es un académico no residente en el Centro Orfalea de Estudios Globales e Internacionales de la Universidad de California en Santa Bárbara. Su sitio web es www.ramzybaroud.net.

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