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La brigada del “Sí, pero Irán…” está arruinando Estados Unidos

Para simplificar, llamaremos a toda esta panda de colgados de las Barras y Estrellas la brigada del “Sí, pero Irán…”, y son ellos quienes han arruinado América, no Donald Trump.

Puede que se hiciera más famoso por Buenos Días, Vietnam, El Club de los Poetas Muertos, Hook o por Señora Doubtfire, pero para mí, la mejor película de Robin Williams es El Hombre del Año. Como todas las mejores películas, las reseñas fueron predominantemente negativas, y apenas recaudó dinero en taquilla. Cuenta la historia de un humorista satírico de la televisión americana (basado en el presentador Jon Stewart) que se presenta a candidato a la Casa Blanca.  Con sus ocurrencias irónicas se abre camino por el país, y gana. Y después dimite, diciendo que únicamente quería recalcar que más gente debería votar y prestar atención al hecho de vivir en una democracia, y cede el puesto a otra persona.

Echaron la película a última hora de la noche hace unas semanas, y pillé el final. Después cambié de canal y puse Fox News, para ver qué errores había cometido América durante la última media hora, y ahí estaba Donald Trump. Una pequeña parte de mí aún alberga la esperanza de que un día nos despertaremos y habrá desaparecido –se habrá aburrido, se habrá vuelto clínicamente loco, o los Republicanos habrán roto con siglos de tradición y habrán decidido expulsar a todos los racistas-. Pero no, Trump sigue en pie y sospecho que no nos dirá como Robin Williams que todo había sido una broma. Entrará en el Despacho Oval y empezará a pulsar botones.

“La democracia es un chiste,” anunció este mes el gobierno chino, “sólo hace falta mirar a Donald Trump”. En algún lugar de la mayor democracia del mundo (“Murica”), un troll republicano de Twitter aporreó el teclado y escribió “!SÍ, PERO IRÁN…!”.

Los astutos lectores se habrán dado cuenta de que Irán y China son países diferentes, pero no se meten en la imaginación del americano de derechas –para el que forman un cúmulo junto con Corea del Norte, Rusia, Cuba y el enigmático “Irakistán”-. Para simplificar, llamaremos a toda esta panda de colgados de las Barras y Estrellas la brigada del “Sí, pero Irán…”, y son ellos quienes han arruinado América, no Donald Trump. Si cualquiera critica la democracia americana, la respuesta estándar en Washington después del infame discurso de Bush del “Eje del Mal” es siempre “Vete a Irán y a ver si después piensas que América tiene o no democracia”.

Estas son las personas que contestan “Sí, pero Irán…” cuando preguntas por qué cuesta entre 500 y 1000 millones de dólares convertirse en presidente de EE.UU. Contestan “Sí, pero Irán…” cuando un reciente estudio de la Universidad de Princeton demostró que América era una oligarquía y no una democracia. Tosen: “Sí, pero Irán…” cuando se les pregunta por qué se considera juego limpio explotar el que alguien sea católico, judío o musulmán para hacer una campaña negativa, y repitieron una vez más “Sí, pero Irán…” cuando el expresidente Jimmy Carter le contó el año pasado a Oprah Winfrey que la introducción de dinero secreto en la política americana implica que el proceso democrático se ha convertido en una farsa total.

Así que ¿cómo de sana está la democracia americana? Puede que goce de una prensa en general libre, pero ésta apenas funciona para exigir responsabilidades, preocupándose más por los incentivos del lucro que por producir periodismo que sirva al interés público. Puede que afirme tener un poder judicial independiente, pero los nombramientos políticos de los jueces de la Corte Suprema y el interés por la fama de los fiscales de distrito son alarmantes. Puede que afirme que todo el mundo tiene derecho al voto, pero parece ser que una oficina en Wall Street les confiere a algunos individuos más votos que otros. Y puede que afirme ofrecer igualdad a todos los ciudadanos, a no ser que seas mexicano, musulmán, o cualquier otra cosa excepto un protestante que enarbola la Biblia, o no poseas un pasaporte. Y mejor no empezamos con Guantánamo.

La élite mediática y política de América ha pasado tanto tiempo criticando otros países y comparándose con tórridas dictaduras para sentirse mejor consigo mismos, que se les ha olvidado ocuparse de sus asuntos. Y como todas las cosas americanas, esta actitud hacia la democracia se está expandiendo. Israel se compara con sus vecinos evidentemente no democráticos para justificar el triste estado de su propia democracia. El Reino Unido está tratando de enseñar “valores británicos” en las escuelas; sin duda esto creará la misma sensación de confort de lo maravillosos que somos. Francia afirma ser una democracia, pero su gobierno se ha pasado mintiendo durante las últimas seis décadas sobre su colaboración con el ligeramente no democrático Partido Nacional Socialista de Alemania, y los partidos racistas como el Frente Nacional siguen cosechando votos en París, Marsella y más allá.

Y esto es lo que consigues si tu respuesta a una crítica legítima es “Sí, pero Irán”, “Sí, pero Arabia Saudí”, “Sí, pero el Estado Islámico”: un protofascista como el Sr. Trump colándose por la puerta trasera mientras los republicanos se obsesionan con lo maravillosos que son. No pasa nada, las verdaderas democracias no recurren a la violencia para resolver problemas políticos. Excepto América, tal vez, que ya tiene más armas per cápita que Yemen.

 

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