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La manipulación de la resistencia no violenta

La resistencia armada, a pesar de su legitimidad en la legislación internacional, ha sido alineada –hipócritamente- con el vocabulario del “terrorismo” por el que se inclina Israel, convirtiendo de esta manera a la AP en cómplice de esta alteración de la narrativa histórica palestina

Resulta, en efecto, oportuno para la Autoridad Palestina que los palestinos destaquen en materia académica y en pedagogía. El Premio Global al Profesor 2016 con el que ha sido galardonada Hanan Al-Hroub ha proporcionado a los líderes palestinos la oportunidad perfecta para embarcarse en ejercicios retóricos genéricos y, a la postre, imponer a esta victoria y al sistema educativo sus difuntas políticas.

Consideremos lo dicho por el primer ministro palestino Rami Hamdallah: “La maestra Hanan Al-Hroub ha logrado lo imposible a pesar de todos los obstáculos a los que se enfrenta todo palestino debido a la ocupación israelí; estamos orgullosos de ella”.

Por el contrario, las simples pero potentes declaraciones de Al-Hroub carecían de cualquier reivindicación política grandiosa: “Los maestros trabajan duramente para liberar las mentes de los niños de la violencia, y convertirla en diálogos llenos de belleza”.

En el espacio entre ambas declaraciones se oculta una turbia agenda, disimulada con habilidad por el liderazgo palestino internacionalmente reconocido. Un tema siempre polémico, la educación en Palestina está amalgamada con varias violaciones de los derechos humanos y sus consiguientes ramificaciones. Partiendo de la evidente colonización y consiguiente ocupación militar, la educación en Palestina se enfrenta a varias amenazas; sus instituciones dependen para funcionar de la ayuda internacional encauzada a través de la Autoridad Palestina, en tanto que otras son gestionadas por la UNRWA y por su incesante círculo basado en patrocinar a los mismos donantes estatales que garantizan que los palestinos no puedan alcanzar por sí mismos oportunidades adecuadas para el progreso y la libertad. La mortífera selección de niños palestinos como objetivos militares por parte de Israel, que se ha intensificado durante la Intifada de Jerusalén, también ha exacerbado las dificultades a las que se enfrentan los educadores y alumnos que viven bajo la ocupación israelí. Psicológicamente, los niños palestinos están traumatizados no sólo por la violencia que experimentan de primera mano, sino también por una narrativa histórica bajo constante amenaza gracias a un esfuerzo colectivo tanto de Israel como de la Autoridad Palestina.

Las declaraciones de Al-Hroub reflejan con exactitud la ardua tarea a la que se enfrentan los educadores palestinos. Para los niños en edad formativa, la resistencia no violenta representa una opción al mismo tiempo protectora y educativa. Tal enfoque en el seno del sistema educativo sin duda desafía la pedagogía israelí, que está repleta de violencia con el fin de crear una cultura de asimilación a la narrativa estatal.

Sin embargo, es la manipulación de la resistencia no violenta lo que resuena en los círculos de la Autoridad Palestina. Políticamente, la AP ha insistido repetidamente en este tipo de resistencia, creando, al mismo tiempo, entidades separadas que han debilitado la lucha palestina. La resistencia armada, a pesar de su legitimidad en la legislación internacional, ha sido alineada –hipócritamente- con el vocabulario del “terrorismo” por el que se inclina Israel, convirtiendo de esta manera a la AP en cómplice de esta alteración de la narrativa histórica palestina. La distinción entre las diversas formas de resistencia también ha debilitado la lucha, en tanto que cada uno de sus aspectos se discute de forma aislada, ya se trate de prisioneros políticos en huelga de hambre, de asesinatos extrajudiciales de palestinos implicados en la resistencia, o de las protestas habituales contra la expansión colonial de Israel.

Como mínimo, la AP debería abstenerse de capitalizar el galardón obtenido por Al-Hroub y evitar las declaraciones engañosas con respecto a los logros educativos. Habría que cuestionar, cuanto menos, por qué Hamdallah ha evitado profundizar en el acuerdo de coordinación en seguridad que también ha contribuido a arruinar el sistema educativo en la Palestina ocupada. “Liberar las mentes de los niños de la violencia,” en las elocuentes palabras de Hanan Al-Hroub, requiere de fundamentos cuya intencionalidad sea transparente. Con seguridad, no es algo que se preste a la desfiguración intencionada que se ha permitido la AP con el fin de aplacar el colonialismo israelí.

 

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MEMO Staff Writer

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